Casi 7 de cada 10 menores de 10 a 15 años en España ya tiene móvil propio, según la última Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información del INE. Desde ese teléfono acceden a cientos de aplicaciones pensadas para ellos, y ahí está el problema: un estudio académico de referencia, «Won’t Somebody Think of the Children?», analizó miles de apps infantiles gratuitas del mercado estadounidense y encontró que el 57 % vulneraba algún requisito de la ley de protección de menores en internet (COPPA). El 19 % iba más allá y compartía identificadores u otros datos personales con terceros sin cumplir los mecanismos de consentimiento exigidos.
César Córcoles, profesor de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), lo explica con una idea sencilla: Google y Apple han endurecido los permisos que puede pedir una app, pero el problema no desaparece. «Si eso es un problema para un adulto, lo es todavía más para los niños, que deberían tener más protección», señala. Muchas veces no es ni siquiera el propio desarrollador quien recoge los datos a propósito, sino el SDK (kit de desarrollo de software) que integra para funciones como publicidad o analítica, y cuya licencia rara vez se lee con detalle.
Qué datos piden estas aplicaciones
Lo más habitual es el identificador único del dispositivo o el correo electrónico asociado a la cuenta. Bastantes apps añaden localización a lo largo del tiempo, que en algunos casos llega a ser muy precisa. El acceso a los contactos queda casi siempre reservado a apps de mensajería, y el micrófono o la cámara rara vez entran en juego, porque transmitir audio consume datos y sale caro, así que los desarrolladores lo evitan salvo que sea imprescindible para el funcionamiento de la app.
Qué dice la ley en España
El Reglamento General de Protección de Datos fija en 16 años la edad a partir de la cual una persona puede consentir por sí misma el tratamiento de sus datos, aunque permite a cada país rebajar ese límite hasta los 13. España usó ese margen: la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD) fija los 14 años como edad mínima para consentir, así que por debajo de esa edad hace falta autorización de los padres o tutores legales para que cualquier app trate los datos del menor.
Sergio de Juan-Creix, profesor de Derecho de la UOC y abogado especializado en derecho digital, recuerda que cualquier tratamiento de datos, sea de un menor o no, tiene que estar informado y apoyado en una base legal, normalmente el consentimiento. La Ley Orgánica 8/2021 de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia refuerza ese marco, y en el Congreso avanza además un proyecto específico, la ley de protección de menores en entornos digitales, que subiría a 16 años la edad mínima para registrarse en redes sociales sin permiso paterno y obligaría a los fabricantes a activar el control parental de fábrica. A julio de 2026 el texto sigue en trámite parlamentario.
Córcoles matiza que la ley siempre va un paso por detrás de la tecnología, y por eso insiste en que la primera capa de protección real está en casa. Existe además un canal específico en la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) para denunciar cualquier app que vulnere la privacidad de un menor.
Qué mirar en el móvil de tu hijo
El sistema operativo influye, aunque no lo es todo: la política de Apple es algo más restrictiva con la privacidad que la media, pero tener un iPhone no protege por sí solo. Aparte del control parental, conviene entrar en los ajustes del móvil y revisar los permisos concedidos a cada app, uno por uno. Enseñarle a tu hijo a leer esos permisos antes de aceptar es, en el fondo, un ejercicio más de alfabetización digital para toda la familia.
Tres gestos que se hacen en cinco minutos y marcan la diferencia: quita el acceso a los datos que la app no necesita para funcionar, concede la localización solo mientras la app está en uso (y no «siempre») y, si el ajuste lo permite, reduce la precisión de la ubicación a un radio amplio en lugar de la posición exacta. En el apartado de anuncios de cada sistema hay además una opción para inhabilitar el identificador publicitario, de forma que la app deje de poder cruzar datos con otras. Los anuncios que veas después serán menos personalizados, pero la privacidad gana.
Córcoles insiste en un matiz: en la mayoría de los casos no hay mala intención detrás. Los desarrolladores suelen recoger esos datos para tener información de diagnóstico sobre cómo funciona la app, no para venderlos. Eso no cambia nada desde el punto de vista legal, porque el desconocimiento no exime de cumplir la normativa, y tampoco evita que esos datos puedan acabar usándose de una forma que no imaginabas cuando instalaste la app.
Preguntas frecuentes
¿Qué datos recogen estas apps sin permiso?
Sobre todo el identificador único del dispositivo o el correo electrónico de la cuenta, y en bastantes casos la localización a lo largo del tiempo. El acceso a contactos, micrófono o cámara es mucho menos frecuente.
¿A partir de qué edad puede mi hijo dar su consentimiento digital?
En España, la LOPDGDD fija los 14 años como edad mínima. Por debajo, hace falta el consentimiento de los padres o tutores legales para que una app trate los datos del menor.
¿Cómo sé si una app cumple la ley?
Revisa los permisos que pide en el móvil antes de aceptar y echa un vistazo a su política de privacidad. Si pide acceso a datos sin relación con su función, como localización en un juego offline, es una señal de alarma.
¿Dónde puedo denunciar una app que vulnera la privacidad de mi hijo?
A través del canal de reclamaciones de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), que tramita este tipo de denuncias.
¿El control parental soluciona el problema?
Ayuda, pero no basta por sí solo. Revisar los permisos de cada app y limitar el acceso a datos que no necesita sigue siendo el paso más eficaz, junto con la futura obligación legal de activarlo de fábrica.









