Tristeza sin motivo aparente, mal humor por las tardes, dolor de tripa antes de dormir. No son inventos ni caprichos: entre el 5 % y el 8 % de los menores en España atraviesa algún grado de síndrome postvacacional al volver al colegio, según datos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). No es un diagnóstico clínico como tal, sino un conjunto de síntomas de adaptación que suele remitir en una o dos semanas si la familia sabe reconocerlo a tiempo.
Por qué pasa
Dos meses sin horarios fijos cambian el reloj interno de cualquier niño, y volver de golpe a levantarse temprano, seguir un horario de comidas rígido y pasar horas sentado en clase supone un ajuste real, no una rabieta. A eso se suma la parte emocional: dejar atrás la libertad del verano y el tiempo con la familia genera cierto duelo, sobre todo en los más pequeños. Cuanto más brusco es el cambio de rutina, más cuesta la adaptación.
Señales que conviene vigilar
- Tristeza o apatía que aparece los días previos a empezar el curso.
- Irritabilidad o rabietas más frecuentes de lo habitual.
- Problemas para conciliar el sueño o despertares nocturnos.
- Dolor de tripa o de cabeza sin causa médica, sobre todo por las noches.
- Falta de apetito o cambios en las comidas.
Si tu hijo tiene problemas para dormir bien antes de empezar el curso, conviene trabajarlo con antelación; te contamos cómo en esta guía sobre la rutina de sueño.
Qué puedes hacer
- Adelanta la rutina unos días antes: levanta a tu hijo un poco antes cada día y adapta los horarios de comida para que septiembre no llegue de golpe.
- Habla del cole en positivo: si tú mismo vuelves al trabajo quejándote, tu hijo capta ese mensaje. Cuéntale lo que le espera de bueno, ver a sus amigos, aprender cosas nuevas, sin forzar el entusiasmo.
- Escúchale y ten paciencia: pregunta cómo se siente y valida lo que diga, aunque te parezca una tontería. Volver a empezar también les cuesta a ellos.
- Implícale en los preparativos: ir juntos a comprar el material o preparar la mochila la noche antes le da sensación de control sobre lo que viene.
- Reconoce sus esfuerzos: un comentario positivo cuando madruga sin quejarse o cuando termina los deberes sin dramas refuerza mucho más que un sermón.
Si además este año toca cambiar de mochila o renovar el material, en esta guía de vuelta al cole tienes las claves para que esa parte también sea más llevadera.
Qué evitar
- No le quites importancia a lo que siente ni le digas «eso no es nada», para él sí lo es.
- No conviertas la vuelta al cole en un tema tabú que no se puede mencionar, hablar de ello ayuda más que evitarlo.
- No compares su adaptación con la de un hermano o compañero, cada niño lleva su propio ritmo.
Cuándo consultar a un profesional
Lo habitual es que estos síntomas remitan en una o dos semanas. Si se prolongan más tiempo, van a más en intensidad, o aparecen señales de ansiedad marcada, rechazo total a ir a clase o síntomas físicos persistentes sin causa médica, conviene consultarlo con el pediatra. Los profesionales de atención primaria pueden valorar si hay algo más de fondo, como ansiedad por separación o dificultades de adaptación que necesiten apoyo especializado.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el síndrome postvacacional en niños?
Lo habitual es que los síntomas desaparezcan en una o dos semanas, a medida que el cuerpo y la mente se adaptan a la nueva rutina.
¿A qué edad afecta más este proceso?
Puede darse en cualquier edad, pero suele notarse más en Infantil y primeros cursos de Primaria, donde el cambio de rutina y la separación de la familia tienen más peso emocional.
¿Es normal que mi hijo no quiera hablar de la vuelta al cole?
Sí, es habitual. No le fuerces a hablar del tema, pero mantén la puerta abierta para cuando él quiera hacerlo.
¿Cuándo debo preocuparme de verdad?
Si los síntomas se alargan más de dos o tres semanas, van a más o aparece un rechazo total a ir a clase, es momento de hablarlo con el pediatra.









