Pregunta a cualquier profesor si cree que sus alumnos aprenden mejor según sean «visuales», «auditivos» o «kinestésicos» y es muy probable que te diga que sí. La idea lleva décadas instalada en las aulas, aparece en cursos de formación del profesorado y hasta en tests que se hacen pasar a los niños al principio de curso. El problema es que la revisión científica más citada sobre el tema, la de Pashler, McDaniel, Rohrer y Bjork publicada en 2008 en Psychological Science in the Public Interest, no encontró evidencia de que adaptar la enseñanza al supuesto «estilo» de cada alumno mejore sus resultados.
Qué dice exactamente la teoría de los estilos de aprendizaje
El modelo más popular es el VAK, que clasifica a los alumnos en visuales, auditivos y kinestésicos según el canal por el que dicen preferir recibir la información. Existen decenas de variantes con más categorías, pero todas parten de la misma idea: si detectas el estilo de un niño y le enseñas por ese canal, aprenderá más y mejor que si le enseñas de otra forma.
Por qué los investigadores lo descartan
Pashler y su equipo revisaron los estudios que decían demostrar la teoría y encontraron un problema de diseño en casi todos: medían si a los alumnos les gustaba más un formato u otro, no si aprendían más con él. Cuando se diseñaron experimentos que sí comprobaban el aprendizaje real, dividiendo a los alumnos por estilo declarado y enseñando a la mitad de cada grupo con un método y a la otra mitad con otro, la mejora prometida no apareció. Da igual que un niño diga que es «visual», memoriza igual de bien un texto leído que uno escuchado si el contenido y el esfuerzo son los mismos.
Entonces, ¿por qué sigue tan extendida la idea?
Tiene sentido intuitivo, ordena algo tan complejo como «cómo aprende cada niño» en tres categorías fáciles de explicar en una charla de una hora, y ningún test de estilos hace daño por sí mismo. El problema aparece cuando sustituye a métodos que sí tienen respaldo, o cuando se usa para justificar que un niño «no vale» para las matemáticas porque es «kinestésico». Ese uso sí tiene coste real en el aula.
Qué funciona de verdad, según la investigación
Otros estudios de estos mismos investigadores sí identifican técnicas con respaldo sólido: la práctica de recuperación, es decir, intentar recordar sin mirar los apuntes, el repaso espaciado en el tiempo y la práctica intercalada de distintos temas. Aquí tienes la lista completa de técnicas de estudio con evidencia científica detrás, si quieres algo más útil que clasificar a tu hijo en una categoría. Para entender además por qué el cerebro responde mejor a unos métodos que a otros según la edad, este artículo explica cómo cambia el aprendizaje a lo largo de la infancia y la adolescencia.
Qué hacer en casa o en clase
No necesitas ningún test de estilos para ayudar a tu hijo a estudiar mejor. Combina varios formatos con normalidad, leer, escuchar, escribir, practicar, porque la variedad ayuda a cualquier alumno, no solo al que «encaja» en un perfil concreto. Y si la motivación es el problema real y no el método, aquí tienes estrategias para motivarse antes de sentarse a estudiar.
Preguntas frecuentes
¿Los estilos de aprendizaje no sirven para nada?
El test en sí no hace daño, el problema es usarlo para limitar cómo se enseña a un niño o para justificar que no puede con una materia.
¿Qué dice exactamente el estudio de Pashler?
Revisó la evidencia disponible en 2008 y no encontró estudios bien diseñados que demostraran que adaptar la enseñanza al estilo declarado de cada alumno mejora el aprendizaje.
Entonces, ¿cómo aprende mejor mi hijo?
Con técnicas que sí tienen respaldo científico, como la práctica de recuperación y el repaso espaciado, no según si es «visual» o «auditivo».
¿Los profesores siguen usando esta teoría?
Sí, sigue muy extendida en la formación docente pese a la falta de evidencia, aunque cada vez hay más centros que la abandonan.
¿Existen diferencias reales entre cómo aprenden los niños?
Sí, en ritmo, conocimientos previos o motivación, pero no está demostrado que se agrupen en los tres canales del modelo VAK.









