Suecia retira las pantallas del aula y vuelve a los libros de texto

Suecia, que durante años fue modelo de integración tecnológica en las aulas, anunció en 2022 un giro en su política educativa: reducir el uso de pantallas en la etapa preescolar y reintroducir los libros de texto como herramienta central de aprendizaje. Tres años después, con los primeros resultados ya sobre la mesa y otros países nórdicos siguiendo pasos similares, el debate sigue siendo relevante para cualquier sistema educativo.

El anuncio que cambió el debate

La ministra de Educación Lotta Edholm comunicó en mayo de 2022 la modificación de las directrices de la Agencia Nacional de Educación sueca (Skolverket). La nueva política elimina la obligatoriedad del uso de pantallas en preescolar (niños de 1 a 5 años) y limita el uso de dispositivos digitales en los primeros cursos de primaria. El argumento central era la preocupación por el nivel de comprensión lectora: Suecia había observado una tendencia descendente en sus puntuaciones en los estudios internacionales PIRLS, que evalúa la comprensión lectora en 4.º de Primaria en más de 60 países.

Una inversión de 150 millones de euros

El cambio no fue solo declarativo. El gobierno sueco destinó 1.685 millones de coronas suecas (aproximadamente 150 millones de euros) para revertir la digitalización forzosa. Los primeros 60 millones se invirtieron en 2023 para devolver libros de texto a las aulas; los 90 millones restantes se distribuyeron entre 2024 y 2025 para completar la transición. El objetivo era que cada alumno dispusiera de libros en papel como recurso principal, sin depender de dispositivos electrónicos.

La evidencia sobre pantallas y comprensión lectora

El debate científico tiene respaldo empírico. Un meta-análisis publicado en Educational Research Review (Delgado et al., 2018) analizó 54 estudios y concluyó que la lectura en papel favorece la comprensión en textos informativos y largos en comparación con la lectura digital, especialmente cuando no hay limitación de tiempo. Las diferencias no son enormes, pero sí consistentes. Investigadoras como Anne Mangen (Universidad de Stavanger) llevan más de una década documentando este fenómeno.

Críticas desde la comunidad educativa internacional

La medida no estuvo exenta de críticas. Neil Selwyn, investigador en educación y tecnología de la Universidad Monash (Melbourne), la interpretó como una señal de “compromiso con valores tradicionales” más que como una respuesta basada en evidencia robusta. Selwyn defiende que el problema no está en la tecnología en sí, sino en la falta de formación docente y de metodologías claras para integrarla. Es un argumento razonable, aunque no responde por qué los resultados suecos empeoraron precisamente durante los años de mayor digitalización.

La UNESCO también se ha posicionado: en su Informe sobre el Estado de la Educación 2023, la organización recomiendó un “uso adecuado y orientado” de la tecnología en las aulas, sin apostar por la eliminación total de los dispositivos digitales. La recomendación subraya que el acceso a internet sigue siendo un factor de equidad educativa en muchos países.

Suecia no está sola: el debate llega a Noruega y España

La política sueca ha influido en otros sistemas educativos. En 2026, Noruega decidió limitar el uso de la inteligencia artificial generativa en los primeros cursos de primaria, priorizando la lectura, la escritura y el cálculo manual como habilidades que no deben quedar delegadas en herramientas automáticas. La tendencia nórdica apunta en la misma dirección: más cautela, no más tecnología por defecto.

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En España, el debate también avanza. Varias comunidades autónomas han restringido el uso del teléfono móvil en los centros de ESO, y el Ministerio de Educación ha publicado orientaciones sobre un uso responsable de los dispositivos en el aula. A nivel familiar, padres y expertos llevan años alertando del impacto del smartphone en los niños, una preocupación que va más allá de las políticas nacionales y afecta al uso en el hogar.

Un punto de partida, no una solución definitiva

La experiencia sueca no es una receta exportable tal cual. Las circunstancias de su sistema educativo —altamente descentralizado, con financiación pública elevada y docentes bien formados— no son las mismas que las de otros países europeos. Pero sí plantea preguntas que cada vez más gobiernos empiezan a hacerse: ¿cuánta tecnología es demasiada en las primeras etapas educativas? ¿Cómo medir su impacto real en el aprendizaje a largo plazo? Las respuestas no son unívocas, pero el debate ya no lo monopolizan quienes defienden la digitalización total.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Suecia decidió retirar las pantallas de las aulas?

El gobierno sueco alegó una tendencia descendente en la comprensión lectora de los estudiantes, respaldada por datos de los estudios PIRLS. La ministra Lotta Edholm argumentó que la digitalización forzosa en preescolar no había demostrado mejorar los resultados académicos y, en cambio, podía estar perjudicando la adquisición de la lectura.

¿Cuánto dinero invirtió Suecia en volver a los libros de texto?

El gobierno destinó 1.685 millones de coronas suecas (unos 150 millones de euros) repartidos entre 2023 y 2025 para devolver los libros de texto en papel a todas las aulas del país.

¿Qué dicen los estudios científicos sobre leer en papel frente a pantalla?

Un meta-análisis publicado en Educational Research Review (Delgado et al., 2018), que analizó 54 estudios, concluyó que la lectura en papel favorece la comprensión en textos informativos largos. Los efectos son consistentes aunque moderados, y se acentuan cuando el lector no puede controlar el ritmo de lectura en el formato digital.

¿Otros países han seguido el ejemplo de Suecia?

Noruega ha adoptado medidas similares en 2026, limitando la IA generativa en primaria. En España, varias comunidades autónomas han restringido el móvil en centros educativos, aunque sin llegar a una política de retirada de pantallas generalizada.

¿Qué recomienda la UNESCO sobre tecnología en las aulas?

En su Informe sobre el Estado de la Educación 2023, la UNESCO recomienda un uso “adecuado y orientado” de la tecnología en las aulas, sin apostar por su eliminación total. La organización destaca que el acceso digital sigue siendo un factor de equidad educativa en países con menor desarrollo tecnológico.

Fuente: Xataka (nota original)