¿Reforzar en verano? Por qué los niños no necesitan repasar

Con el final de curso a la vista, muchas familias se plantean si sus hijos deberían dedicar parte del verano a repasar lo aprendido. La duda es legítima: ¿se olvida todo lo del curso si no se repasa? ¿Se pierden hábitos de estudio? ¿Hay que hacer los cuadernos de vacaciones? La respuesta corta es no, y hay más de una razón para ello.

El mito del “verano perdido”

El argumento más habitual a favor de los deberes en verano es el de la pérdida de hábitos. Si un niño pasa dos meses sin estudiar, ¿no habrá que empezar casi desde cero en septiembre? Pilu Hernández Dopico, maestra y formadora de formadores, lo desacredita de entrada: “Los niños tienen cinco horas de clase durante 174 días de curso escolar. Creo que es más que suficiente para establecer un hábito y conservarlo sin necesidad de cumplir horarios o hacer tareas en verano. Si no es así, verdaderamente algo estamos haciendo muy mal”.

La investigación pedagógica apoya esta posición. Varios estudios muestran que la llamada “pérdida de aprendizaje veraniego” afecta principalmente a niños de entornos con menos recursos, y se debe sobre todo a la falta de acceso a libros, actividades culturales y experiencias enriquecedoras, no a no hacer ejercicios de matemáticas en julio y agosto. El problema no es el descanso, sino la desigualdad. Si tu hijo acumula estrés a lo largo del año, puede que el problema empiece antes del verano, y vale la pena leer sobre cómo gestionar el estrés académico para llegar a septiembre mejor preparado.

Los deberes de vacaciones no son como los de empresa

Hernández Dopico apela a una analogía difícil de rebatir: “Los padres no nos ponemos a trabajar durante nuestras vacaciones para no perder el hábito, con los niños debemos actuar igual. No quiero ni pensar lo que estaríamos diciendo si una empresa mandara trabajo a sus empleados durante las vacaciones. Para ellos el colegio es su trabajo y también están cansados de todo el curso”.

Hay otro argumento habitual que también desmonta: el de la comodidad. En muchas familias, los cuadernos de vacaciones funcionan como forma de tener al niño entretenido durante un rato. “Durante un par de horas tienen al niño ocupado y callado, pero la educación no se basa en la comodidad”, aclara. Tener al niño ocupado con fichas no es lo mismo que hacer algo educativamente valioso.

Qué sí tiene sentido en verano

Que los niños no necesiten cuadernos de deberes no significa que el verano no pueda ser un periodo de aprendizaje. La diferencia está en el formato. El aprendizaje informal —leer por placer, cocinar, hacer la compra, resolver problemas reales, explorar la naturaleza, jugar con otros niños— activa exactamente las mismas habilidades cognitivas que el trabajo escolar, pero de una forma que el niño no percibe como obligación.

Hernández Dopico lo resume así: “Es un momento propício para leer por placer, jugar con sus padres, hermanos, primos o amigos, para aprender matemáticas o vocabulario mientras se cocina o se hace la compra, pero siempre de forma lúdica y alejada de lo estrictamente académico”. Y añade algo que muchos padres pasan por alto: “Compartid tiempo con vuestros hijos y escuchadles. El ritmo que impone la rutina diaria no nos permite dedicarles la atención que merecen, y el verano es el mejor momento para hacerlo”. Si en septiembre queréis que retome el hábito de estudio con buen pie, las técnicas de estudio que funcionan de verdad son más eficaces que cualquier cuaderno de vacaciones.

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Los deberes de verano que sí valen la pena

Hernández Dopico propone una lista de tareas para el verano que no tienen nada que ver con fichas ni cuadernos:

  1. Sueña despierto y déjate llevar por la imaginación.
  2. Lee lo que te apetezca, sin que nadie te lo exija.
  3. Escribe: una carta, un diario, lo que sea.
  4. Salta en los charcos, juega bajo la lluvia, anda descalzo por la hierba.
  5. Ayuda en casa de forma real: cocina, haz la compra, cuida de alguien.
  6. Aprende a escuchar de verdad.
  7. Comparte todo lo que puedas.
  8. Termina lo que empiezas.
  9. Pasa tiempo con quien te suma.

No es una lista de deberes. Es una descripción de lo que significa crecer bien.

Preguntas frecuentes

¿Es verdad que los niños olvidan lo aprendido en verano si no repasan?

No exactamente. La “pérdida de aprendizaje veraniego” afecta sobre todo a niños de entornos con menos acceso a recursos culturales y experiencias variadas, no al niño promedio que disfruta de un verano activo. El descanso no borra lo aprendido.

¿Cuántas horas al día debería estudiar mi hijo en verano?

Los expertos en pedagogía coinciden en que no es necesario establecer rutinas de estudio en verano para niños en edad escolar. Si tu hijo quiere leer, escribir o explorar algo que le interesa, estupendo. Si no, tampoco pasa nada.

¿Los cuadernos de vacaciones son útiles?

Depende del niño. Si tiene grandes dificultades en una materia concreta y el cuaderno le sirve para reforzar sin presión, puede ser un apoyo puntual. Pero como norma general no son necesarios, y a menudo añaden estrés al final de las vacaciones.

¿Y si mi hijo quiere seguir aprendiendo durante el verano?

Genial, pero que sea él quien lo decida. Un niño que elige leer sobre dinosaurios, aprender a programar o montar un huerto aprende más que uno que rellena fichas por obligación. El aprendizaje autodirigido tiene un valor enorme.

¿Cómo puedo apoyar a mi hijo en verano sin poner deberes?

Con experiencias: visitar un museo, cocinar juntos, explorar la naturaleza, ver una película y hablar de ella. El aprendizaje informal en contextos reales es tan válido como el académico, y a veces más eficaz que cualquier ficha.