Los resultados de PISA 2025 han encendido una señal difícil de ignorar: el rendimiento en lectura y matemáticas de los adolescentes continúa cayendo en buena parte de los países desarrollados y el deterioro comenzó antes de la pandemia. En España, los alumnos de 15 años obtienen 451 puntos en lectura y 457 en matemáticas, por debajo de las medias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Hay muchas explicaciones posibles, desde los móviles hasta la pérdida del hábito lector o la inteligencia artificial, pero los datos no permiten señalar una única causa.
Las claves del desplome educativo de PISA 2025 en 20 segundos
- La OCDE pierde 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas desde 2015.
- España obtiene 451 puntos en lectura y 457 en matemáticas, entre sus peores registros históricos.
- La caída comenzó antes de la pandemia, así que el cierre de colegios no explica todo el deterioro.
- PISA encuentra relaciones preocupantes con distracciones digitales y determinados usos de la IA, pero no demuestra causalidad.
- El porcentaje de alumnos españoles con nivel insuficiente ha aumentado con fuerza desde 2015.
El periodista y analista de datos Kiko Llaneras ha resumido el problema con una idea especialmente útil para abordar los resultados: existen muchas teorías y pocas certezas. Su análisis publicado en EL PAÍS recuerda que las notas han bajado en 37 de los 38 países de la OCDE comparables en este periodo y repasa posibles explicaciones como la pandemia, la inmigración, los móviles, la reducción del sueño, la pérdida de lectura, la inteligencia artificial o los cambios pedagógicos.
La propia OCDE llega a una conclusión parecida. PISA puede detectar relaciones entre determinadas características de los estudiantes y sus resultados, pero una evaluación realizada a alumnos de 15 años en un momento concreto no permite convertir automáticamente esas correlaciones en relaciones de causa y efecto.
El problema es suficientemente grande como para exigir prudencia antes de buscar un culpable.
Una década perdida especialmente en lectura
PISA, el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, evaluó en su edición de 2025 a unos 760.000 alumnos de 15 años de 91 países y economías. La materia principal fue ciencias, aunque también se midieron matemáticas y lectura.
Los resultados muestran que el retroceso no es pequeño.
Entre 2015 y 2025, la media de la OCDE pasó de 489 a 461 puntos en lectura y de 485 a 463 en matemáticas.
| Media OCDE | 2015 | 2025 | Cambio |
|---|---|---|---|
| Lectura | 489 | 461 | -28 |
| Matemáticas | 485 | 463 | -22 |
| Ciencias | 489 | 482 | -7 |
La OCDE estima que los 28 puntos perdidos en lectura equivalen aproximadamente a un año y medio de aprendizaje, mientras que el descenso matemático representa algo más de un curso escolar.
Además, el 20 % de los estudiantes de la OCDE presenta actualmente bajo rendimiento simultáneamente en ciencias, matemáticas y lectura. En 2022 eran el 16 %.
España sigue esa tendencia y sus resultados de 2025 se encuentran entre los más bajos registrados por el país en las tres materias.
En lectura obtiene 451 puntos, diez menos que la media de la OCDE. En matemáticas alcanza 457 frente a 463 de la organización.
El 68 % de los alumnos españoles alcanza al menos el nivel 2 de competencia lectora, frente al 69 % de la OCDE. Solo un 2 % llega al nivel 5 o superior, mientras que la media internacional es del 6 %.
La evolución a largo plazo resulta todavía más preocupante: desde 2015, el porcentaje de estudiantes españoles por debajo del nivel mínimo ha aumentado 15 puntos porcentuales en lectura, 11 en matemáticas y seis en ciencias.
No se trata únicamente de que España pierda posiciones en una clasificación. Hay más adolescentes que tienen dificultades con competencias consideradas básicas.
¿La pandemia? Sí, pero el problema empezó antes
La COVID-19 es la primera explicación que aparece al observar los resultados.
Millones de estudiantes pasaron meses con clases presenciales interrumpidas, y numerosos estudios han documentado pérdidas de aprendizaje asociadas al cierre de los colegios.
PISA encuentra todavía señales compatibles con ese impacto.
Pero existe un problema cronológico: el deterioro educativo había empezado antes de 2020.
La OCDE subraya expresamente que el debilitamiento del rendimiento precede a la pandemia en numerosos países. En lectura, por ejemplo, la tendencia descendente ya era visible antes de que apareciera la COVID-19.
La pandemia pudo acelerar un proceso existente, pero difícilmente puede explicar por sí sola una caída que había comenzado años antes.
Algo parecido sucede con la inmigración.
El aumento del porcentaje de alumnos de origen migrante puede modificar ligeramente la media de algunos países cuando ese grupo obtiene resultados inferiores.
La OCDE ha calculado precisamente cuánto podría explicar este cambio demográfico.
Entre 2018 y 2025, la proporción de alumnos de origen migrante aumentó 3,8 puntos porcentuales de media en 29 países de la OCDE. La diferencia de rendimiento lector entre estudiantes migrantes y no migrantes se mantuvo alrededor de 40 puntos.
Sin embargo, el cambio de composición explicaría aproximadamente 1,5 puntos de los 25 perdidos en lectura durante ese periodo.
La propia OCDE concluye que los cambios demográficos pueden explicar unos pocos puntos, pero nunca son el principal responsable de las grandes caídas observadas.
Los móviles aparecen en la fotografía, pero PISA no demuestra que sean el culpable
La tecnología ofrece una explicación intuitiva.
La última década coincide con la expansión del smartphone, las redes sociales, el vídeo corto y las aplicaciones diseñadas alrededor de estímulos constantes.
PISA aporta algunos datos que justifican estudiar esa hipótesis.
En España, los adolescentes aseguran utilizar dispositivos digitales durante una media de 1,4 horas diarias en el colegio para actividades educativas y otras 0,7 horas para ocio.
Además, el 29 % afirma que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias, prácticamente igual que la media de la OCDE, situada en el 28 %.
Los alumnos españoles que declaran esa distracción obtienen 16 puntos menos en ciencias, incluso después de ajustar el análisis por el perfil socioeconómico de estudiantes y colegios.
Es una asociación relevante, pero sigue sin demostrar que el teléfono provoque por sí mismo esos 16 puntos de diferencia.
Puede haber otras variables relacionadas con el clima escolar, hábitos familiares, disciplina, motivación o características de los propios alumnos.
PISA ofrece otra pista interesante.
En España, el 86 % de los estudiantes ya asiste a centros donde el teléfono móvil está prohibido, frente al 49 % de media de la OCDE. En 2022 el porcentaje español era del 67 %.
En los colegios de la OCDE que prohíben los móviles, los estudiantes tienen alrededor de un 13 % menos de probabilidades de declarar distracciones digitales.
Las prohibiciones parecen reducir las interrupciones, pero todavía habrá que observar durante más tiempo si eso se traduce en una recuperación sustancial del aprendizaje.
Una señal especialmente preocupante: los alumnos leen con más prisa
Los resultados de lectura permiten mirar algo más que la puntuación final.
La OCDE ha analizado cómo responden los estudiantes durante la propia prueba y encuentra un cambio de comportamiento llamativo.
Entre 2018 y 2025, el porcentaje de lectores considerados precisos y fluidos disminuyó alrededor de siete puntos porcentuales.
Al mismo tiempo aumentaron los denominados hasty readers, alumnos que responden rápidamente y se equivocan. Pasaron de alrededor del 7 % al 11 %.
El deterioro fue además mayor en las últimas partes de la prueba que en las primeras.
La OCDE considera que ese patrón resulta compatible con una reducción de la atención, perseverancia o confianza ante tareas difíciles, aunque tampoco permite identificar cuál de estos factores es responsable.
La observación conecta con otra preocupación: la disminución de la lectura prolongada y el desplazamiento hacia contenidos digitales más fragmentados.
Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, advierte de que las mayores pérdidas aparecen precisamente en habilidades especialmente necesarias en un entorno saturado de información: evaluar fuentes, establecer conexiones, distinguir hechos de opiniones y enfrentarse a textos complejos.
La organización plantea como hipótesis que la reducción de la lectura por placer y el aumento de una lectura digital rápida pueden estar influyendo, pero reconoce que no puede afirmarlo con certeza.
La inteligencia artificial entra por primera vez en PISA
PISA 2025 incorpora además una variable que no existía en anteriores ediciones: el uso generalizado de inteligencia artificial generativa.
Los datos españoles muestran una adopción especialmente elevada.
El 54 % de los alumnos españoles utiliza chatbots de IA al menos semanalmente para ayudarle a aprender, frente al 46 % de la OCDE.
| Uso educativo de IA | España | OCDE |
|---|---|---|
| IA al menos semanal para aprender | 54 % | 46 % |
| Investigación preliminar | 42 % | 31 % |
| Resumir textos | 40 % | 30 % |
| Redactar trabajos | 33 % | 29 % |
Solo un 8 % de los estudiantes españoles declara no utilizar nunca o casi nunca chatbots para las tareas educativas examinadas por PISA. En la OCDE son el 14 %.
La relación con los resultados vuelve a ser compleja.
En el conjunto de la OCDE, los estudiantes que no utilizan IA para tareas concretas como resumir, investigar o redactar obtienen generalmente mejores resultados en ciencias que quienes sí la utilizan. La diferencia ronda los 20 puntos en algunos análisis, aproximadamente el equivalente a un curso escolar según la referencia utilizada por la organización.
Eso tampoco demuestra que ChatGPT o herramientas similares reduzcan el aprendizaje.
Puede existir causalidad inversa: alumnos con mayores dificultades podrían recurrir más a estas herramientas. También influyen el nivel socioeconómico, el propósito para el que se utilizan y la frecuencia.
De hecho, PISA encuentra un resultado diferente cuando pregunta por utilizar IA simplemente «para ayudarme a aprender»: quienes la emplean moderadamente presentan resultados similares o ligeramente mejores que quienes no la utilizan, mientras que el uso muy frecuente vuelve a asociarse con peores puntuaciones.
Y aparece otro dato especialmente útil para las escuelas: los estudiantes que aprenden a evaluar críticamente la información generada por IA y utilizan estas herramientas para aprender obtienen resultados algo mejores.
El problema educativo podría estar, por tanto, menos en disponer de IA que en qué parte del esfuerzo intelectual se delega en ella.
ChatGPT tampoco puede explicar la caída iniciada hace una década: los chatbots generativos comenzaron a generalizarse a finales de 2022.
Inglaterra ofrece una pista interesante, no una demostración
Otra explicación apunta hacia las políticas educativas.
El caso que está generando más debate es Inglaterra.
Mientras buena parte de Europa retrocede, el sistema inglés ha mantenido resultados relativamente estables y aparece en 2025 entre los de mejor rendimiento. Su evolución contrasta especialmente con Gales y Escocia.
Durante los últimos años, Inglaterra ha mantenido un currículo con mayor peso del conocimiento de las materias y evaluaciones estructuradas, mientras Gales y Escocia desarrollaron reformas más orientadas hacia competencias y habilidades transversales.
El contraste ha llevado a analistas como John Burn-Murdoch a defender que las diferencias pueden ofrecer pistas sobre la efectividad de ambos planteamientos.
Pero tampoco constituye un experimento perfectamente controlado.
Inglaterra, Escocia y Gales comparten muchas características, aunque existen diferencias económicas, demográficas, institucionales y educativas suficientes para impedir concluir que una sola reforma curricular explica la divergencia.
El dato sólido es que Inglaterra ha resistido mejor el descenso internacional, algo que justifica estudiar con detalle qué está haciendo de manera diferente. Su informe nacional de PISA 2025 ofrece precisamente comparaciones internacionales y una serie extensa de indicadores sobre el alumnado.
El verdadero problema de PISA es no saber todavía por qué está ocurriendo
La tentación ante unos resultados tan malos es encontrar inmediatamente una explicación.
Pero las principales hipótesis presentan alguna limitación.
| Posible explicación | Qué sabemos |
|---|---|
| Pandemia | Perjudicó el aprendizaje, pero la caída comenzó antes |
| Inmigración | Influye en algunas medias, pero explica pocos puntos del descenso |
| Móviles y redes sociales | Hay asociaciones con distracción y menor rendimiento, no una causalidad general demostrada |
| Menos lectura | Los hábitos y el comportamiento lector se han deteriorado |
| IA generativa | Determinados usos se asocian con peores resultados, pero solo puede afectar al periodo reciente |
| Pedagogía y currículo | Las diferencias entre sistemas ofrecen pistas, pero no aíslan una única causa |
| Menor esfuerzo y atención | PISA detecta respuestas más apresuradas y deterioro de algunos indicadores |
Probablemente tampoco exista una explicación única.
La pandemia puede haber afectado a una generación que ya utilizaba más pantallas, leía de otra manera y estudiaba dentro de sistemas educativos que también estaban cambiando. A ello se suman transformaciones familiares, demográficas, tecnológicas y sociales.
PISA fotografía el resultado conjunto.
Su principal limitación es que no puede decir cuántos puntos corresponden a cada elemento.
Ahí reside quizá la parte más preocupante de PISA 2025 para la política educativa. El problema ya puede medirse con bastante claridad, pero todavía no existe el mismo nivel de evidencia sobre sus causas.
La respuesta educativa tampoco debería consistir en escoger la explicación que mejor encaje con las ideas previas de cada uno.
Los nuevos datos ofrecen suficientes pistas para investigar con más detalle qué sucede dentro de las aulas: cuánto leen realmente los estudiantes, cómo utilizan el móvil, qué hacen cuando recurren a una IA, cuánto tiempo mantienen la atención, qué métodos docentes mejoran el aprendizaje y qué valor añadido aporta cada centro.
PISA 2025 deja una certeza incómoda. Una generación de adolescentes está obteniendo peores resultados que la de hace una década en competencias básicas, especialmente en lectura, y el deterioro alcanza a sistemas educativos muy diferentes.
Determinar por qué está ocurriendo es ahora bastante más importante que ganar la discusión sobre cuál de todas las teorías parece más convincente.
Fuentes:
- OCDE, PISA 2025 Results (Volume I): Informe completo PISA 2025
- OCDE, resultados de PISA 2025 para España: Ficha de España en PISA 2025
- OCDE, resultados sobre vida escolar, tecnología e inteligencia artificial: Student school life and beyond
- OCDE, análisis sobre lectura e inteligencia artificial: PISA findings on artificial intelligence use, reading skills and learning
- Gobierno británico, informe nacional PISA 2025 de Inglaterra: PISA 2025 national report for England
- Kiko Llaneras, ¿Cómo se explica el desplome en PISA? Lo inquietante es que no lo sabemos, EL PAÍS, 13/09/2026








