Los menores de entre 6 y 12 años en España pasan una media de 3,5 horas diarias frente a pantallas, según la Asociación Española de Pediatría (AEP). Una cifra que crece cada curso escolar y que la pedagoga María Couso analiza a fondo en su libro Cerebro y pantallas, publicado en 2024.
Qué dice el libro
Couso trabaja como pedagoga y divulgadora educativa. En Cerebro y pantallas describe con rigor los mecanismos por los que el uso intensivo de dispositivos digitales en la infancia y la adolescencia interfiere con procesos como la atención sostenida, la memoria de trabajo y la regulación emocional. El libro no carga contra la tecnología en bloque: lo que cuestiona es el uso sin supervisión adulta, especialmente antes de los 6 años.
«Las pantallas no son un juego de niños» resume bien su postura. Los dispositivos digitales pueden ser útiles, pero el cerebro infantil no está preparado para gestionarlos sin guía.
Qué le ocurre al cerebro
Los efectos más documentados en la literatura científica coinciden con los que Couso aborda en el libro:
- Atención fragmentada: el acceso constante a estímulos cortos y cambiantes reduce la capacidad de concentración sostenida, necesaria para la lectura comprensiva o la resolución de problemas matemáticos.
- Alteración del sueño: la luz azul de las pantallas suprime la melatonina. La AEP recomienda apagar dispositivos al menos una hora antes de acostarse.
- Menor interacción cara a cara: las conversaciones presenciales son el principal motor del desarrollo del lenguaje en Infantil y Primaria. Sustituirlas por chats o videollamadas ralentiza ese proceso.
Couso señala un factor que las familias suelen pasar por alto: el tiempo delante de una pantalla es tiempo que el niño no dedica al juego libre, la exploración del entorno o la lectura, actividades con un impacto directo en el desarrollo cognitivo.

El debate en las aulas
La pandemia normalizó el uso de tablets y pizarras digitales en los centros españoles. Desde entonces el debate no ha parado. En 2024 el Consejo de Europa recomendó a sus países miembros reducir el uso de smartphones en los colegios. En España varias comunidades autónomas han implantado restricciones, aunque sin una ley estatal uniforme todavía.
Couso defiende que la tecnología educativa tiene sentido cuando está al servicio de un objetivo pedagógico concreto, no como sustituto del libro, la explicación o el trabajo manual. Un alumno de 3.º de Primaria que aprende las tablas de multiplicar con una app no aprende necesariamente mejor que uno que lo hace con fichas y manipulables: la investigación actual no ofrece evidencia clara de superioridad de uno frente al otro.
Qué puedes hacer como padre o madre
Si tu hijo tiene entre 3 y 12 años, estas pautas están respaldadas por la AEP y la OMS:
- Menores de 2 años: evita las pantallas salvo videollamadas familiares puntuales.
- Entre 2 y 5 años: máximo 1 hora diaria, siempre con un adulto que contextualice lo que ven.
- A partir de 6 años: franjas horarias claras y zonas sin pantallas (mesa de comedor, habitación por la noche).
- Adolescentes: la investigación asocia más de 3 horas diarias de uso recreativo con peores resultados académicos y mayor incidencia de ansiedad, especialmente en chicas.
El libro propone recuperar el juego de mesa, la lectura en papel y las actividades al aire libre, no como nostalgia, sino porque tienen un impacto documentado en el desarrollo cognitivo. No se trata de eliminar las pantallas, sino de ordenarlas.
Si tu hijo muestra irritabilidad cuando se le retira el dispositivo, abandona actividades que antes le gustaban o miente sobre el tiempo que pasa conectado, consúltalo con tu pediatra antes de aplicar restricciones por tu cuenta. La AEP tiene guías para familias en aeped.es. Si quieres reforzar el aprendizaje en casa más allá de gestionar las pantallas, esta guía sobre cómo ayudar a tu hijo a estudiar en casa te dará herramientas concretas. Y si buscas métodos de estudio que realmente funcionan, aquí tienes técnicas y recursos de estudio contrastados.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad pueden los niños usar pantallas?
La OMS recomienda no exponer a menores de 2 años a pantallas, excepto videollamadas familiares puntuales. Entre 2 y 5 años el máximo es 1 hora diaria con supervisión adulta. A partir de 6 años la clave es establecer límites de tiempo claros y usar los dispositivos con un propósito concreto.
¿Las pantallas en el aula perjudican el aprendizaje?
Depende del uso. Con un objetivo pedagógico claro pueden ser útiles. El problema aparece cuando sustituyen a métodos activos —manipulación, escritura, debate— sin una razón didáctica justificada. No hay evidencia científica de que aprender con tablet sea mejor que aprender con papel en Primaria.
¿Cuánto tiempo de pantalla es demasiado para un adolescente?
No existe un número único. La investigación asocia más de 3 horas diarias de uso recreativo (redes sociales, streaming, videojuegos) con peor rendimiento académico y mayor riesgo de ansiedad. El tipo de contenido y el contexto importan tanto como el tiempo total.
¿Cómo sé si mi hijo usa las pantallas de forma problemática?
Las señales de alerta incluyen irritabilidad cuando se le retira el dispositivo, abandono de actividades antes preferidas, mentiras sobre el tiempo de uso, problemas de sueño recurrentes o bajada de rendimiento escolar. Si observas varios de estos síntomas consulta con tu pediatra o con un psicólogo especializado en infancia.
¿El libro «Cerebro y pantallas» sirve también para docentes?
Sí. Couso escribe para familias y profesores por igual. Incluye propuestas concretas para el aula y no exige formación previa en neurociencia. Es una lectura directa y accesible, sin el tono alarmista de otros libros sobre el mismo tema.









