Menores y pantallas: el tiempo que pasan conectados fuera del aula

En 2021, mientras familias y colegios buscaban su sitio en una cotidianidad más digital que nunca, Qustodio publicó uno de los estudios más completos sobre los hábitos digitales de los menores. El dato que resumía todo era llamativo: cuatro horas diarias de media frente a las pantallas fuera del aula, el equivalente a 1.460 horas al año, aproximadamente la mitad del tiempo que dedican a dormir.

Esa cifra no era una anomalía puntual. El informe, titulado ‘Del cambio a la adaptación: viviendo y aprendiendo en un mundo digital’, analizó los datos de 400.000 familias con hijos de 4 a 18 años en España, Estados Unidos y Reino Unido, y los complementó con 1.200 entrevistas que incluían por primera vez la perspectiva directa de los propios menores. Lo que dibujaban los datos era el perfil de una generación que había crecido dentro de la tecnología, no junto a ella.

Qué hacían los menores durante esas cuatro horas

El estudio analizó cinco categorías: plataformas de vídeo, redes sociales, videojuegos, apps educativas y aplicaciones de comunicación. Cada una contaba su propia historia.

Las plataformas de vídeo acumulaban 38 minutos al día, un 15,6% menos que en 2020, con YouTube como la más popular (60% a nivel global, 73% en España). TikTok era ya la red social favorita, con un 57% de uso entre los menores españoles y un crecimiento del 21,3% respecto al año anterior, con 80 minutos al día de media. Los videojuegos se mantenían estables en general, aunque en España caían un 15,1%, y Roblox se convertía en el más jugado también en nuestro país, con 145 minutos diarios de uso medio. En comunicación, WhatsApp lideraba con claridad (60% de usuarios activos entre menores en España), con Zoom como segunda opción por el impulso de las actividades online (51 min/día).

Las apps educativas, la categoría más olvidada

Frente al auge de 2020, las apps educativas perdieron terreno en España. El tiempo de uso bajó de 12 a 9 minutos al día, aunque seguía siendo el más alto de los tres mercados analizados. Duolingo era la plataforma más popular entre los menores, pero la que más tiempo acaparaba por sesión era Smartick, con 26 minutos diarios y un crecimiento del 225% respecto al año anterior.

Ese retroceso era previsible: la vuelta a las aulas redujo la necesidad de completar el aprendizaje con aplicaciones. Lo que quedó fue el uso habitual, no el sustitutivo.

Lo que decían las familias: efectos positivos y señales de alerta

El informe también recogió la percepción de los padres, y los resultados eran ambivalentes. El 76% había notado que el uso habitual de dispositivos afectaba negativamente a su hijo de alguna forma: el 47% apreciaba menos actividad física, el 36% mayor aislamiento social y el 20% problemas con la rutina del sueño. Pero el 79% también reconocía que la tecnología había mejorado el aprendizaje de sus hijos, el 61% señalaba mayor autonomía para investigar y el 56% la valoraba como una mejora de la socialización.

Cuatro años después de ese informe, la ambivalencia no ha desaparecido, pero el debate se ha vuelto más urgente. El 93% de los adolescentes encuestados en 2024 considera necesario cambiar sus hábitos digitales, lo que indica que los propios jóvenes han interiorizado que algo no funciona en la manera en que usan sus dispositivos.

También te puede interesar:  Navegación segura para los niños con KidZui

Qué ha cambiado desde 2021

El tiempo de pantalla fuera del colegio no ha bajado desde entonces; según estudios posteriores, ha seguido creciendo, especialmente entre los 12 y los 17 años. TikTok se ha consolidado como la red social dominante entre adolescentes, Instagram ha recuperado terreno entre los mayores de 15 años y el debate sobre el primer teléfono móvil se ha adelantado en muchos hogares. Cada vez más familias se preguntan cuándo es el momento adecuado y cómo gestionarlo bien.

En paralelo, la respuesta institucional se ha acelerado. Varios países europeos han aprobado restricciones al uso del móvil en los centros educativos. En España, el debate lleva meses encima de la mesa y diferentes comunidades autónomas avanzan en direcciones distintas. Lo que el informe de Qustodio puso de manifiesto en 2021 ya lo recogen ahora los informes de la AEP (Asociación Española de Pediatría) y la propia UNICEF: el tiempo de pantalla importa, pero importa más el tipo de contenido y el contexto en el que se usa.

Para familias que buscan orientación práctica, Meta reunió a varias expertas en educación digital para compartir 10 claves de acompañamiento para adolescentes en internet. No hay soluciones universales, pero sí hay pautas que funcionan mejor que otras.

Preguntas frecuentes sobre tiempo de pantalla en menores

¿Cuánto tiempo de pantalla al día es demasiado para un menor?

La AEP no fija un límite único porque depende de la edad y del tipo de contenido. Para menores de 2 años, lo recomendado es evitar las pantallas salvo videollamadas familiares. Entre 2 y 5 años, máximo una hora al día de contenido seleccionado por los padres. A partir de los 6, la clave es el equilibrio con el sueño, el ejercicio físico y las relaciones presenciales, más que un número concreto de minutos.

¿Qué plataformas usan más los menores en España?

Según el informe de Qustodio de 2021, TikTok era la red social más usada entre los menores españoles (80 min/día), YouTube la plataforma de vídeo favorita y WhatsApp la app de comunicación por excelencia (60% de usuarios activos). Desde entonces, TikTok ha seguido creciendo y Roblox se mantiene como el videojuego más popular entre los menores de 12 años.

¿Son las apps educativas una alternativa real al ocio digital?

Depende de la app y de la motivación del menor. Duolingo o Smartick generan aprendizaje real con un uso consistente, pero no sustituyen la instrucción formal. Funcionan mejor como complemento: 15-20 minutos diarios bien aprovechados suman bastante al final del curso.

¿Cómo pueden las familias gestionar el tiempo de pantalla sin conflictos?

Establecer acuerdos claros antes de que el menor tenga el dispositivo es más eficaz que imponer normas después. Definir cuándo se usan las pantallas (no en la cama, no en las comidas), qué plataformas son adecuadas para cada edad y revisar juntos lo que se consume reduce los conflictos y fomenta una mayor autonomía responsable.