Viernes, 4 Julio 2008

El muñeco preguntame

RESULTA QUE Berberecho trajo un hermoso muñeco, que cuando le daban cuerda abría y cerraba los ojos y se reía. Todos los chicos querían tocarlo, pero él no se lo prestaba a nadie.

- ¿Cómo se llama tu muñeco? – le preguntó Martina.

- No sé – dijo Berberecho.

- A los muñecos lindos se les pone nombre.

- Sí, pero yo no sé que nombre ponerle. – dijo Berberecho pensativo. ¿No me ayudás a pensar uno?

- Preguntame más tarde, porque ahora voy al baño.

- Preguntame puede ser un lindo nombre – pensó Berberecho.

Al rato vino Plomín y le dijo:

- Qué lindo muñeco. ¿Cómo se llama?

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

- Preguntame.

- ¡Basta! – dijo Plomín. – Ya te pregunté un montón de veces.

- Y yo te contesté un montón de veces – dijo Berberecho enojado.

Al rato vino Martina y le preguntó que nombre le había puesto al muñeco.

- Como vos me dijiste.

- ¿Cómo? Si yo no te dije nada…

- Sí

- No

- Sí

- Bueno, si te dije no me acuerdo. Decime que nombre le pusiste.

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

Y así estuvieron un rato largo, hasta que Martina se cansó y se fue. Después vino Nahuel y le preguntó lo mismo, y Berberecho le contestó lo mismo, y estuvieron un rato largo diciendo:

- Preguntame.

- ¿Cómo se llama?

Hasta que Berberecho decidió cambiarle de nombre al muñeco. Lo llamó Muñeco y listo.

Y es así que Berberecho más adelante tuvo un oso que se llamaba Oso, un perro que se llamaba Perro, y un gato que se llamaba Gato. Poco imaginativo, pero fácil de acordarse y sin lugar a malentendidos.

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