Patios escolares verdes: creatividad, salud e inclusión

Barcelona ya lo lleva haciendo desde 2016 con el programa Transformem els patis. París, Bruselas y Róterdam también han ido rediseñando sus patios escolares para incorporar vegetación, materiales naturales y zonas de juego no estructurado. Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), publicado en 2024 por las investigadoras Filka Sekulova e Isabel Ruiz-Mallén del Laboratorio TURBA Lab, analiza qué factores hacen que estas transformaciones funcionen y dónde se siguen fallando.

La conclusión principal: no basta con plantar árboles. El éxito de un patio escolar naturalizado depende de quién participa en su diseño, en qué fase y con qué recursos.

Niños que construyen, niños que cuidan

El estudio detecta un patrón común en las cuatro ciudades: la participación de alumnos, familias y docentes se concentra en las fases de diseño y planificación, pero se diluye en la construcción y el mantenimiento. El problema es que esa inversión en el orden hace que los niños y niñas perciban el espacio como algo hecho para ellos, no por ellos.

«Los niños y niñas suelen apreciar más el lugar si han estado implicados en su construcción; por ejemplo, con pequeños trabajos prácticos», explica Sekulova. Cuando se les permite participar en tareas físicas, aunque sean sencillas, el sentido de pertenencia al espacio es mucho mayor y el vandalismo, bastante menor.

El problema de la participación desigual

No todas las familias pueden implicarse por igual. En barrios con ingresos bajos, la participación tiende a ser menor, pero no porque las familias no les importen los espacios de sus hijos, sino porque sus condiciones laborales y económicas no les permiten ofrecer tiempo voluntario. El resultado es que los patios de los colegios en barrios acomodados suelen quedar mejor dotados que los de zonas con menos recursos.

La investigación propone una solución sencilla y poco costosa: ofrecer compensaciones materiales por la participación, como una comida o servicio de cuidado de menores durante las sesiones de trabajo. No es una medida nueva en otros contextos participativos, pero en el ámbito de los patios escolares sigue siendo una excepción.

Qué tipo de diseño funciona mejor

El perfil del equipo de arquitectos y paisajistas marca una diferencia clara en los resultados. Cuando estos profesionales entienden el proyecto como una obra de urbanización convencional, los patios acaban siendo estándares: funcionales, pero poco estimulantes. Cuando trabajan desde la pedagogía, la ecología del paisaje y la coeación con la comunidad, los resultados son visualmente distintos y mucho más diversos.

«Debemos atrevernos con espacios más salvajes, desestructurados y basados en la naturaleza», apunta Sekulova. La base teórica está en The Theory of Loose Parts, del arquitecto Simon Nicholson (1972): colocar materiales sueltos, naturales o reciclados, estimula la creatividad y la imaginación mejor que los juegos con funciones fijas. Un palo, una piedra o una lona ofrecen más posibilidades que un tobogán de plástico.

Los elementos más recomendados por el estudio: colinas de tierra, caminos con texturas distintas, árboles con ramas accesibles, huertos, zonas con barro, anfiteatros para actividades grupales e infraestructuras para recoger agua de lluvia. Las estructuras de madera reciclada, incluidos troncos y cabañas, sustituyen mejor que el hierro pintado a los espacios de juego libre que los niños buscan de forma natural.

Este tipo de actividad al aire libre conecta bien con la oferta de actividades extraescolares que refuerzan el desarrollo creativo, que pueden complementar lo que el patio ofrece durante el recreo con propuestas fuera del horario lectivo.

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Los beneficios para la salud, respaldados por la ciencia

La investigación recoge evidencia acumulada sobre los efectos del contacto con entornos naturales en niños: mejor concentración, mayor capacidad para manejar situaciones de estrés y menos síntomas de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Estos datos proceden de estudios anteriores citados en la investigación, no de observaciones nuevas, pero la acumulación de evidencia en los últimos años es consistente.

El contacto con vegetación durante el recreo tiene además un efecto sobre la actividad física: los espacios con elementos naturales variados generan juego más móvil y diverso que los patios de hormigón con cancha de baloncesto. Esto es especialmente relevante en primaria, etapa en la que la OMS recomienda al menos 60 minutos de actividad física moderada o intensa al día para niños de 5 a 17 años.

El currículum, el reto pendiente

El obstáculo principal que identifica el estudio no es económico ni de diseño, sino curricular: la enseñanza al aire libre no está integrada en el currículum obligatorio español. Sin un marco que respalde el aprendizaje en el exterior, los docentes que quieren usar el patio como espacio didáctico asumen trabajo extra sin reconocimiento.

Las investigadoras proponen incluir módulos sobre educación en exteriores en los programas de formación inicial del profesorado, así como formación específica para los docentes en activo. También apuntan a las familias como palanca: cuando las AMPA presionan para que el patio forme parte de la propuesta pedagógica del centro, los equipos directivos tienden a tomarlo más en serio.

La dimensión lúdica y cultural del espacio escolar también tiene su lugar en este debate: iniciativas como el Certamen Barroco Infantil de Almagro, que lleva a niños al teatro desde el colegio, demuestran que los espacios físicos del centro pueden abrirse a experiencias que van más allá del aula convencional.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un patio escolar naturalizado?

Un patio naturalizado sustituye o complementa las superficies duras (hormigón, asfalto) con elementos naturales: vegetación, tierra, madera, agua, arena o piedras. El objetivo es crear un entorno más diverso que permita distintos tipos de juego y aprendizaje al aire libre.

¿Qué beneficios tiene para los niños?

Los estudios citan mejor concentración, menor nivel de estrés, más actividad física y juego más variado y creativo. En niños con TDAH, el contacto con naturaleza puede reducir algunos síntomas, aunque no sustituye el tratamiento especializado.

¿Existe algún programa oficial en España?

Barcelona cuenta con el programa Transformem els patis desde 2016, uno de los más consolidados de Europa. Otras comunidades autónomas tienen iniciativas puntuales, pero no existe un programa nacional equivalente hasta la fecha.

¿Cómo pueden implicarse las familias?

La vaía más efectiva es la AMPA: proponer formalmente al equipo directivo incluir la transformación del patio en el proyecto educativo del centro (PEC). Contactar con el ayuntamiento si hay programas municipales de espacios verdes en colegios también puede abrir financiación.

Fuente: estudio de Filka Sekulova e Isabel Ruiz-Mallén, TURBA Lab, Universitat Oberta de Catalunya (2024).