España perderá 1,3 millones de alumnos en 15 años: reto y oportunidad educativa

España tendrá en 2041 alrededor de 1,32 millones de personas menos en edad de cursar enseñanzas obligatorias y posobligatorias. La población de entre 6 y 24 años caerá un 13,7 % respecto a 2026, pero el descenso no se repartirá por igual: será mucho más intenso en los institutos, llegará más tarde a las universidades y convivirá con un aumento de los niños menores de seis años.

Las proyecciones dibujan una transformación profunda del sistema educativo. Habrá territorios con fuertes reducciones de alumnado, centros rurales sometidos a mayor presión y plantillas docentes que deberán adaptarse a una demanda cambiante. Al mismo tiempo, la caída demográfica puede ofrecer una oportunidad para reducir ratios, reforzar la atención individual y mejorar la calidad, siempre que el descenso de estudiantes no se utilice únicamente para recortar recursos.

Las claves de la caída de alumnos en 20 segundos

  • La población española de 6 a 24 años disminuirá un 13,7 % entre 2026 y 2041.
  • La reducción equivale a unas 1,32 millones de personas.
  • En Primaria, la población potencial caerá un 14,5 % hasta 2035 y después tenderá a estabilizarse.
  • En la ESO el descenso alcanzará el 20,3 %.
  • La población en edad de cursar Bachillerato o FP de grado medio caerá un 23,7 %.
  • En estudios superiores la bajada será menor, del 8,7 %, y comenzará a apreciarse a partir de 2032.
  • La educación infantil seguirá la tendencia contraria: los menores de 0 a 2 años aumentarán un 18 % y los de 3 a 5 años, un 7,5 %.
  • Extremadura, Cantabria, Galicia, Ceuta y Melilla afrontarán los mayores descensos.
  • La Comunitat Valenciana y Baleares registrarán reducciones mucho más moderadas.
  • La jubilación de una parte importante del profesorado puede facilitar la reasignación de recursos.

Los datos proceden de un estudio publicado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, Ivie, a partir de las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística. El informe advierte de que el descenso global esconde evoluciones muy distintas por edades y territorios, lo que obligará a planificar el gasto, las infraestructuras y las plantillas con bastante más precisión que hasta ahora.

Los institutos recibirán el mayor impacto de la caída demográfica

La reducción no llegará al mismo tiempo a todas las etapas. Las generaciones menos numerosas irán avanzando progresivamente por el sistema, de manera que el efecto se trasladará desde Primaria hacia la ESO, Bachillerato, Formación Profesional y, más adelante, la universidad.

En el grupo de 6 a 11 años, correspondiente aproximadamente a Educación Primaria, la población disminuirá con rapidez durante la primera parte del periodo. El informe calcula una caída del 14,5 % hasta 2035, seguida de una cierta estabilización. En 2041 habrá un 11,7 % menos de niños de esas edades que en 2026.

El golpe será mayor en Secundaria. La población de 12 a 15 años, asociada principalmente a la ESO, caerá un 20,3 %. En el grupo de 16 y 17 años, donde se concentran Bachillerato y parte de la Formación Profesional, el retroceso alcanzará el 23,7 %. En la práctica, el sistema podría perder cerca de uno de cada cuatro estudiantes potenciales en la secundaria posobligatoria.

La población de 18 a 24 años seguirá una trayectoria diferente. Aumentará durante los primeros años, alcanzará su máximo alrededor de 2031 y comenzará después a descender. Al final del periodo será un 8,7 % inferior a la de 2026. Esta evolución retrasará el impacto en universidades y estudios superiores, que todavía deberán atender cohortes relativamente grandes durante la próxima década.

Etapa aproximadaGrupo de edadVariación prevista
Educación Primaria6-11 años-11,7 % en 2041
ESO12-15 años-20,3 %
Bachillerato y secundaria posobligatoria16-17 años-23,7 %
Estudios superiores18-24 años-8,7 %
Conjunto de 6 a 24 años6-24 años-13,7 %

El descenso de alumnos no se traducirá automáticamente en una reducción equivalente del gasto educativo. El coste público por estudiante varía mucho entre etapas. Según el informe, la educación universitaria supone de media 11.347 euros por alumno, frente a 5.806 euros en Secundaria y FP y 4.720 euros en Infantil y Primaria.

Como la caída será más tardía y menor en los estudios superiores, aumentará durante parte del periodo el peso relativo de los alumnos que requieren un gasto medio más elevado. Esta composición puede compensar una parte del ahorro que cabría esperar por la reducción del número total de estudiantes.

Tampoco todos los recursos pueden trasladarse fácilmente de una etapa a otra. Un edificio de Primaria no se convierte de forma automática en un instituto, y un profesor especializado en una materia de Secundaria no puede cubrir sin más una plaza de Infantil. La adaptación exige años de planificación, formación y decisiones sobre contratación.

Menos alumnos en colegios e institutos, pero más demanda en Infantil

El dato más llamativo del estudio aparece antes de la escolarización obligatoria. Mientras cae la población de 6 a 24 años, las proyecciones anticipan un crecimiento de los menores de seis.

El número de niños de 0 a 2 años aumentará un 18 % entre 2026 y 2041. En el grupo de 3 a 5 años el incremento será del 7,5 %. Si se incluye a toda la población menor de 25 años, el descenso global se modera desde el 13,7 % hasta el 9,1 %.

Este giro obligará a reforzar la educación infantil justo cuando otras etapas empiecen a perder alumnado. Aunque no es obligatoria, la escolarización entre los 3 y los 5 años ya alcanza alrededor del 97 %. En el primer ciclo también crece con rapidez: durante el curso 2023-2024 estaba escolarizado el 15,7 % de los niños de cero años, el 52,2 % de los de un año y el 73,3 % de los de dos.

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La expansión de la gratuidad está aumentando además la demanda de plazas públicas o financiadas. El 39,2 % del alumnado del primer ciclo ya accedía a una modalidad gratuita, según los datos recogidos por la Fundación BBVA y el Ivie.

Las administraciones podrían encontrarse así ante una paradoja: colegios con aulas vacías en determinados municipios e insuficiencia de plazas de Infantil en áreas metropolitanas o zonas receptoras de población joven.

La reutilización de edificios puede ser una parte de la respuesta. Algunos centros con menos alumnado podrían incorporar aulas de 0 a 3 años, servicios de atención temprana, formación profesional o programas para adultos. Sin embargo, estas conversiones requieren inversiones, personal especializado y una evaluación de la demanda local.

El comportamiento de la natalidad tampoco será uniforme dentro de una misma comunidad. Las capitales, corredores metropolitanos y municipios que reciben inmigración pueden necesitar nuevos centros mientras las comarcas envejecidas pierden niños. El problema no se resolverá únicamente con cifras nacionales.

El mapa educativo se dividirá entre regiones que pierden mucho y poco alumnado

Todas las comunidades autónomas registrarán menos población de 6 a 24 años en 2041, pero las diferencias serán muy amplias.

La Comunitat Valenciana presentará el descenso más moderado, con un 5 %. Baleares perderá un 8,6 %, Murcia un 10 % y Madrid un 10,1 %. En estos territorios, el efecto de la baja natalidad se compensa en parte con la inmigración y una mayor llegada de población joven.

En el extremo contrario se sitúan Extremadura, con una caída del 23,1 %, Cantabria, con el 22,8 %, Galicia, con el 19,4 %, y el País Vasco, con el 19,1 %. Ceuta y Melilla superarán el 30 %.

TerritorioVariación de la población de 6 a 24 años
Comunitat Valenciana-5,0 %
Illes Balears-8,6 %
Región de Murcia-10,0 %
Comunidad de Madrid-10,1 %
Castilla-La Mancha-11,8 %
Cataluña-11,8 %
España-13,7 %
Andalucía-18,4 %
Galicia-19,4 %
Cantabria-22,8 %
Extremadura-23,1 %
Melilla-33,4 %
Ceuta-34,5 %

La situación se complica todavía más al separar las etapas. En Madrid, por ejemplo, la población de Infantil crecerá un 20,4 %, mientras la secundaria posobligatoria caerá un 21 %. Castilla-La Mancha tendrá un 16,3 % más de menores de seis años, pero un 22,1 % menos de jóvenes de 16 y 17.

En Galicia, la población infantil apenas aumentará un 1,3 %, mientras la enseñanza obligatoria perderá un 23,9 % y la secundaria posobligatoria, un 28,7 %. Extremadura será la única comunidad, junto con Ceuta y Melilla, donde también disminuirán los menores de seis años.

La planificación educativa tendrá que bajar al nivel provincial, comarcal e incluso municipal. Una misma comunidad puede contener zonas que necesitan cerrar o agrupar unidades y otras que deben ampliar colegios.

Esta realidad afectará especialmente al medio rural. Mantener una escuela con pocos alumnos resulta más costoso por estudiante, pero cerrarla puede acelerar la pérdida de población y obligar a los niños a recorrer grandes distancias. El criterio estrictamente económico no basta para decidir qué servicios conservar.

Menos alumnos no debería significar automáticamente menos inversión

El descenso demográfico abre un debate político inevitable. Si hay menos estudiantes, las administraciones podrían reducir plantillas, cerrar centros y trasladar una parte del presupuesto hacia pensiones, sanidad o dependencia, ámbitos que estarán sometidos a una presión creciente por el envejecimiento.

Pero existe otra posibilidad: mantener una parte importante de los recursos y elevar el gasto por alumno.

Un sistema con grupos menos numerosos puede ofrecer más apoyo a quienes tienen dificultades, mejorar la atención a alumnos con necesidades especiales, reforzar la orientación y reducir el abandono educativo temprano. También podría ampliar la Formación Profesional, actualizar instalaciones y aumentar el tiempo disponible para tutorías.

La caída del alumnado no garantiza por sí sola que las ratios bajen. Las administraciones pueden responder suprimiendo clases y ajustando plantillas hasta mantener prácticamente el mismo número de estudiantes por aula. La oportunidad depende, por tanto, de las decisiones presupuestarias que se adopten.

También habrá que tener en cuenta el relevo generacional del profesorado. En las universidades públicas, la edad media de los docentes alcanzaba los 49,5 años en el curso 2023-2024 y el 18,7 % tenía 60 o más. En Secundaria, un 35 % de los profesores supera ya los 50 años.

Las próximas jubilaciones permitirán ajustar las nuevas contrataciones a las áreas y territorios con mayor necesidad sin recurrir únicamente a despidos o traslados. Esta flexibilidad puede ayudar a incorporar perfiles para Formación Profesional, digitalización, atención a la diversidad o enseñanza infantil.

El cambio demográfico tendrá además consecuencias fuera de las aulas. Menos estudiantes significarán, años después, menos jóvenes incorporándose al mercado laboral. Las empresas afrontarán esa reducción al mismo tiempo que se jubila la generación del ‘baby boom’.

La inmigración, la productividad, la automatización y la formación continua tendrán un peso creciente para cubrir puestos de trabajo. El sistema educativo deberá preparar a cohortes menos numerosas, pero con competencias suficientes para sostener una economía envejecida.

El reto no consiste únicamente en gestionar la reducción. Consiste en decidir qué se hace con los recursos que pueden quedar disponibles.

España puede limitarse a ajustar el sistema a la baja o aprovechar la transición para corregir carencias históricas. Menos alumnos por sí solos no producen una educación mejor. Una planificación territorial precisa, una inversión estable y una reasignación inteligente del profesorado sí pueden hacerlo.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos alumnos perderá España hasta 2041?
La población de 6 a 24 años disminuirá en aproximadamente 1,32 millones de personas, un 13,7 % respecto a 2026.

¿Qué etapa educativa sufrirá la mayor caída?
La secundaria posobligatoria, asociada principalmente a los 16 y 17 años, registrará un descenso del 23,7 %. En la ESO será del 20,3 %.

¿También disminuirán los niños de Educación Infantil?
No. Las proyecciones prevén un aumento del 18 % en los menores de 0 a 2 años y del 7,5 % entre los 3 y los 5 años.

¿Qué comunidades perderán más población en edad de estudiar?
Ceuta, Melilla, Extremadura y Cantabria presentan las mayores caídas. Galicia y País Vasco también se acercan al 20 %.

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