El Plan de Educación Financiera, impulsado por el Banco de España y la CNMV, incluye desde hace años materiales específicos para trabajar el dinero con niños en el aula, precisamente porque los estudios de la OCDE sobre competencia financiera sitúan a los adolescentes españoles por debajo de la media en conceptos básicos como el interés compuesto o la diferencia entre ahorrar e invertir. La buena noticia es que no hace falta esperar a la ESO para empezar: se puede introducir el concepto de dinero de forma sencilla desde primaria.

A qué edad empezar y con qué
Entre los 4 y los 6 años basta con que el niño entienda que las cosas cuestan dinero y que el dinero no es ilimitado, algo que se ve jugando a las tiendas o dejando que pague él mismo en la caja del supermercado. A partir de los 7-8 años, cuando ya manejan sumas y restas con soltura, es el momento de introducir una paga semanal, no antes, porque sin esa base no entienden por qué el dinero se acaba si lo gastan todo el primer día. En primaria alta, de 10 a 12 años, ya pueden gestionar un pequeño presupuesto propio para caprichos y empezar a diferenciar entre gasto necesario y capricho puntual.
La paga semanal: cuánto y con qué condiciones
No existe una cifra oficial recomendada, pero conviene que la cantidad sea pequeña y constante, no una recompensa por notas o por hacer tareas domésticas básicas que ya le corresponden por formar parte de la familia. Dale la paga el mismo día cada semana y deja que decida en qué la gasta, aunque el primer mes cometa el error clásico de gastársela entera en un día. Ese error, dentro de casa y con una cantidad pequeña, es la lección más barata que va a tener sobre gestión del dinero en toda su vida.
Tres botes en vez de una hucha única

Dividir la paga en tres botes, gastar, ahorrar y compartir, funciona mejor que una hucha única porque hace visible dónde va cada euro. El bote de gastar es para lo inmediato, el de ahorrar para algo que quiere pero no puede comprar todavía, y el de compartir para una pequeña donación o regalo a alguien. Cuando el objetivo de ahorro es concreto y visible, una bicicleta, un videojuego, entienden mucho mejor por qué merece la pena esperar en lugar de gastar de golpe.
Lo que no funciona
Pagar por cada tarea doméstica convierte la colaboración familiar en una transacción, y a la larga el niño deja de hacer nada gratis. Tampoco ayuda rescatarlo cada vez que se queda sin dinero antes de tiempo: si aprende que siempre hay un extra disponible, el bote de ahorro deja de tener sentido. Y hablar de dinero en casa como un tema tabú, evitando decir cuánto cuesta algo o cuánto se gana, deja a los hijos sin ninguna referencia real cuando tienen que gestionar su propio dinero de adultos.
De la paga a las primeras cuentas bancarias
A partir de los 12-14 años, muchos bancos en España ofrecen cuentas o tarjetas prepago pensadas para menores, supervisadas desde la app de los padres. Son una buena forma de que empiecen a manejar dinero digital antes de tener su primera cuenta corriente propia en la mayoría de edad, siempre revisando juntos los movimientos las primeras semanas. Para quien quiera reforzar también el hábito lector con el tema del dinero, en este artículo sobre libros para crear hábitos lectores en niños de 8 a 12 años hay títulos que tratan el valor del esfuerzo y el ahorro de forma narrativa.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad debe empezar un niño a recibir paga semanal?
Sobre los 7-8 años, cuando ya domina sumas y restas sencillas. Antes de esa edad no entiende bien por qué el dinero se acaba si lo gasta todo de golpe.
¿Qué pasa si mi hijo se gasta toda la paga el primer día?
Deja que ocurra sin rescatarlo con dinero extra. Es la forma más barata que va a tener de aprender que el dinero no es ilimitado.
¿Cómo aplicar esto si tengo varios hijos de edades distintas?
Ajusta la cantidad y la autonomía a cada edad, no repartas lo mismo a todos. Los mayores pueden gestionar un presupuesto más amplio y con menos supervisión que los pequeños.
¿Es normal que un niño no quiera ahorrar nada de su paga?
Sí, es habitual al principio. Ayuda más tener un objetivo de ahorro concreto y visible que insistir en la idea abstracta de «ahorrar por ahorrar».









