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Niño querido:
ya viene el sueño
por el camino
de los luceros.
Ya se sienten
galopar
sus caballos
de cristal.
El sueño cruza
tierra dormidas,
y de repente
dobla tu esquina.
Por tu calle
ya se ve
su carroza
de papel.
Niño querido:
el sueño avanza
y se detiene
frente a tu casa.
Ya levanta
tu aldabón
con su mano
de algodón.
Ya se oye al grillo
que, con su llave,
le abre la puerta
para que pase.
Y el viajero
llega a ti
con su paso
de alelí.
Francisco Luis Bernárdez (Argentina)
La noche es una capa
negra
con bordaditos de
estrella.
La noche es un gato
negro
con mil ojos de
diamante.
La noche es una mancha
negra
con chispas de plata
y oro.
Gloria Cecilia Díaz
Hay sol bueno y mar de espuma,
y arena fina, y Pilar
quiere salir a estrenar
su sombrerito de pluma.
-”¡Vaya la niña divina!”
Dice el padre, y le da un beso:
“vaya mi pájaro preso
a buscarme arena fina.”
-”Yo voy con mi niña hermosa”,
le dijo la madre buena:
“¡No te manches en la arena
los zapaticos de rosa!”
Fueron las dos al jardín.
Por la calle del laurel:
la madre cogió un clavel
y Pilar cogió un jazmín.
Ella va de todo juego,
con aro, y balde, y paleta,
el balde es color violeta,
el aro es color de fuego.
Vienen a verlas pasar
nadie quiere verlas ir.
II
Las mujeres españolas
se distinguen por su cuerpo,
por su cara tan risueña,
su talento y su salero.
Una de estas mujeres,
a ninguna se la iguala,
porque entrega cuando ama
todo el candor de su alma.
Mujeres, como capullos en flor;
vosotras sois el orgullo español;
mujeres morenas de labios coral
que entregáis la vida
y el alma al besar…
Mujeres que lleváis en los ojos
las luces de un tesoro
del Cielo Español.
Dedico esta poesía
en fechas tan señaladas,
a estas fiestas Covarchinas,
a las Reinas y sus Damas.
Rosita Denia
I
Cierto día el Hada Azul,
quiso a la tierra bajar
y se mandó preparar
su gran carroza de tul.
Diciendo: “A cada mujer
de las diversas naciones,
les voy a dar tantos dones
como pueda conceder”.
Bajó aquí sin dilación,
tocó su cuerno amarante
y acudieron al instante
una de cada nación.
Llamó y dijo a la italiana:
Tú tendrás ardientes ojos…
y tendrás labios tan rojos
que parecerán de grana.
Por tu cutis sonrosado,
dijo a la inglesa, serás
entre todas las demás
un tesoro codiciado.
Somos los siete pequeños
de la señora semana;
damos a la noche sueños
y alegría a la mañana.
Todos quisiéramos dar,
como Domingo, un paseo.
Lunes dice: -¡A trabajar!
No por eso es día feo.
A Martes lo ven mal vestido,
y a veces medio enojado.
Miércoles, que es distraído,
camina un poco encovado.
Jueves siempre se entretiene,
porque estudia, y luego juega.
Viernes a todos conviene.
Con él, ¿no ven lo que llega?
Sábado es mitad trabajo,
aunque su pecho engalana.
Tira alegre, cuesta abajo,
lo que pesa en la semana.
Somos los siete pequeños
de la señora semana;
damos a la noche sueños
y alegría a la mañana
Regina Esther Sasson
Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente
amigo, ¿qué es esto?».
«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego…;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos».
«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo».
«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso».
«Son galgos, te digo».
«Digo que podencos».
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.
Tomás de Iriarte
Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«iOh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»
Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Tomás de Iriarte