Etiquetas de artículos ‘poemas’
Nunca llegan al portal
las figuras del belén.
Los pastores se han quedado
sin las piernas por correr.
No encuentran los Reyes Magos
la estrellita de papel.
Los camellos en el musgo
ya no se pueden mover.
El río de plata sigue
desembocando al revés.
La lavandera del lago
nunca acaba de tender.
Herodes hoy ha encendido
las mismas luces de ayer.
En las montañas la nieve
no se puede deshacer.
La Virgen está esperando
y esperando San José
La comadrona no llega
y ya empieza a anochecer.
El pastor tampoco viene
con la hierba para el buey.
Los hombres no llegan nunca
a la cueva de Belén.
La Virgen está esperando
y el Niño Jesús también.
Victor Manuel Arbeloa
Las sarmentosas manos del abuelo
tejen una caricia de ochenta años
sobre los rubios bucles de su nieto.
Borrachera de paz en la alquería.
Ambos miran al cielo:
el pequeño jugando con estrellas
y el anciano jugando con misterios.
De pronto, levemente
como el roce de un ala sobre el viento,
con voz infantil le hace cosquillas
al solemne silencio:
Cuéntame un cuento, abuelo;
o mejor, una historia,
una de esas que tú llamas recuerdos;
una historia de amor
con imposibles, con flores
y con versos.
Luz de la mañana y verde
mansedumbre en todo el campo.
Suelta va la vieja copla
sobre los lentos rebaños.
¡Ay, la vaquita de ordeño,
tan mansa, tan silenciosa!
¡Cómo lame al becerrito
y cómo mueve la cola!
Panzuda y con esos ojos
claros que el cielo retratan,
¡ay, cómo todas las tardes
vuelve del campo a la casa!
¡Ay, la vaquita de ordeño,
con las dos orejas blancas
y un lucerito en la frente!
¡Parda piel y negras manchas!
Manuel Felipe Rugeles (Venezuela)
Al que ostenta valimiento
cuando su poder es tal
que ni influye en bien ni en mal,
le quiero contar un cuento.
En una larga jornada,
un camello muy cargado
exclamó, ya fatigado:
-¡Oh, que carga tan pesada!
Doña Pulga, que montada
iba sobre él, al instante
se apea y dice arrogante:
-¡Del peso te libro yo!
El Camello respondió:
-¡Gracias, señor elefante!
Félix María de Samaniego
Ese sapo verde
se esconde y se pierde;
así no lo besa
ninguna princesa.
Porque con un beso
él se hará princeso
o príncipe guapo;
¡y quiere ser sapo!
No quiere reinado,
ni trono dorado,
ni enorme castillo,
ni manto amarillo.
Tampoco lacayos
ni tres mil vasallos.
Quiere ver la luna
desde la laguna.
Una madrugada
lo encantó alguna hada;
y así se ha quedado:
sapo y encantado.
Disfruta de todo:
se mete en el lodo
saltándose, solo,
todo el protocolo.
Y le importa un pito
si no está bonito
cazar un insecto;
¡que nadie es perfecto!
¿Su regio dosel?
No se acuerda de él.
¿Su sábana roja?
Prefiere una hoja.
¿Su yelmo y su escudo?
Le gusta ir desnudo.
¿La princesa Eliana?
Él ama a una rana.
A una rana verde
que salta y se pierde
y mira la luna
desde la laguna.
Carmen Gil
(Cuanto Cuento! Editorial Algar)
La jirafa Rafaela
usa gafas de su abuela,
porque desde allá arribota
no ve ni hache ni jota.
Creyó que un enorme pino
era un jirafo muy fino
que le iba a hacer la corte;
¡vaya corte!
Que un erizo con un año
era una esponja de baño
y se lavó en bañador;
¡qué dolor!
Que la serpiente Consuelo
era un lazo para el pelo
y la llevó en la cabeza;
¡qué belleza!
Que un avestruz con sombrero
era un hermoso florero
y lo colocó de adorno;
¡qué trastorno!
Y que era Alejo el Cangrejo
un despertador muy viejo
que atrasaba con frecuencia;
¡qué paciencia!
La jirafa Rafaela
usa gafas de su abuela,
porque desde allá arribota
no ve ni hache ni jota.
(Carmen Gil,
Unos animales muy originales)
Te pinto de timonel
en un barco de papel,
con tu melena de espuma,
navegando entre la bruma.
Bajamar,
¡qué solita voy a estar!
Angelito marinero,
¿me llevas en tu velero?
Sube y baja, baja y sube
una nube y otra nube.
Gaditana,
¿quién te cantará mañana?
Planta un peral y un ciruelo
en tu mar azul del cielo
y recoge entre las olas
estrellas y caracolas.
¡A la una!,
cántame desde la luna.
Carmen Gil
El lagarto está llorando.
la lagarta está llorando.
la largarta y el lagarto
con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo
ay, su anillito plomado!
Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.
El sol, capitán redondo
lleva un chaleco de raso.
¡Miradlos que viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!
¡Ay, como lloran y lloran!
¡Ay, como están llorando!
Federico García Lorca