Archivo para la ‘Poesía infantil’ Categoría

MI PAPÁ
Si voy a cruzar,
la mano me da.
Montando en mi bici,
me sujeta por atrás.
¡Él es el más grande,
él es mi papá!
Si juego al balón,
me enseña a chutar.
Subido en sus hombros,
me hace volar.
Fuertes son sus besos,
largos son sus brazos.
¡Qué seguro estoy,
si llamo a papá!
El burro nunca dejará de ser burro.
Porque el burro nunca va a la escuela.
El burro nunca llegará a ser caballo.
El burro nunca ganará carreras.
¿qué culpa tiene el burro de ser burro?
En el pueblo del burro no hay escuela.
El burro se pasa la vida trabajando,
tirando de un carro,
sin pena ni gloria,
y los fines de semana
atado a la noria.
El burro no sabe leer,
pero tiene memoria.
El burro llega el último a la meta,
¡pero le cantan los poetas!
El burro duerme en cabaña de lona.
No llámar burro al burro,
llamarle “ayudante del hombre”
o llamarle persona.
Autora: Gloria Fuertes
Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera…
Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!.
Autor: Antonio Machado
LA SALAMANDRA
¡ Mira que salada
corre por el techo!
Resulta graciosa
si la ves atento,
con su figura
desgarbada
y su gorda cabeza,
la salamandra.
Por el suelo o la pared
segura anda
con sus patas firmes
la salamandra.
Déjala tranquila
que no te molesta
y no la espantes
que cuida tu siesta:
aunque te repugne
en algo su aspecto,
de forma callada
te libra de insectos.
Autor: José García Velazquez
LA LAGARTIJA
Cuando alguien se mueve
y en nada se fija,
dicen que es un rabo
de lagartija.
Y es que tiene en la cola
tanta vida
que se sigue moviendo
aunque esté herida.
Si se ve amenazada
o el frío adivina,
busca refugio en las piedras
que la cobijan.
Al sentir el calor del sol
de pronto se anima
y asoma la cabeza
por cualquier rendija.
Si me pides
que entre los animales elija,
prefiero entre todos
la lagartija.
José García Velázquez
Al salir de mi cuartel,
con hambre de tres semanas,
me encontré con un ciruelo,
cargadito de manzanas,
empecé a tirarle piedras,
y caían avellanas.
Con el ruido de las nueces,
salió el amo del peral.
-Niños, no tiréis más piedras,
que no es mío el melonar.
Si queréis tocino fresco,
lo acabo ahora de sembrar,
Matías el fogonero,
lleva una carga de pan,
con una chocolatera,

EL VIEJO Y EL CONEJO
En Requejo
tenía un viejo
un criadero de conejos.
Para salvar el pellejo,
un conejo
se fue lejos,
recalando en Alaejos.
En Alaejos
el pendejo
del conejo
sintió nostalgia del viejo
y volvió con su pellejo
al criadero de Requejo.
Perplejo
se quedó el viejo
al ver llegar desde lejos
al conejo
con su querido pellejo.
¡Qué pendejo
el conejo
del viejo!
¡Irse lejos
de Requejo
hasta Alaejos
para salvar el pellejo!
¡Qué pendejos
el conejo
y el viejo!.
José García Velázquez
(“La imaginación es la loca de la casa”. Santa Teresa.)
LA PAYA, LA VALLA Y LA BAYA.
Me han contado
que un paisano
tenía un prado
que ha sembrado
por la mañana
de marihuana
y lo ha vallado.
Por la noche,
una paisana
casquivana
que vive de noche
a troche y moche
vino en coche
con su Porsche
¡qué derroche!.
La paya
saltó la valla
a por la baya
¡vaya paya!
¡vaya baya!
¡vaya valla!
¡vaya, vaya!.
Autor: José García Velázquez