En una cabaña,
al pie de la montaña
en un bosque negro
vivía un cowboy
que se llamaba Pedro.
Tenía un caballo
dormía en el establo
mientras se tomaba
alegremente un té.
Había un indio que era muy listo
subió al establo
y le robó el caballo.
Recopilación de canciones realizada por: Laura Tajuelo García-Navas
LA SALAMANDRA
¡ Mira que salada
corre por el techo!
Resulta graciosa
si la ves atento,
con su figura
desgarbada
y su gorda cabeza,
la salamandra.
Por el suelo o la pared
segura anda
con sus patas firmes
la salamandra.
Déjala tranquila
que no te molesta
y no la espantes
que cuida tu siesta:
aunque te repugne
en algo su aspecto,
de forma callada
te libra de insectos.
Autor: José García Velazquez
LA LAGARTIJA
Cuando alguien se mueve
y en nada se fija,
dicen que es un rabo
de lagartija.
Y es que tiene en la cola
tanta vida
que se sigue moviendo
aunque esté herida.
Si se ve amenazada
o el frío adivina,
busca refugio en las piedras
que la cobijan.
Al sentir el calor del sol
de pronto se anima
y asoma la cabeza
por cualquier rendija.
Si me pides
que entre los animales elija,
prefiero entre todos
la lagartija.
José García Velázquez
EL VIEJO Y EL CONEJO
En Requejo
tenía un viejo
un criadero de conejos.
Para salvar el pellejo,
un conejo
se fue lejos,
recalando en Alaejos.
En Alaejos
el pendejo
del conejo
sintió nostalgia del viejo
y volvió con su pellejo
al criadero de Requejo.
Perplejo
se quedó el viejo
al ver llegar desde lejos
al conejo
con su querido pellejo.
¡Qué pendejo
el conejo
del viejo!
¡Irse lejos
de Requejo
hasta Alaejos
para salvar el pellejo!
¡Qué pendejos
el conejo
y el viejo!.
José García Velázquez
(“La imaginación es la loca de la casa”. Santa Teresa.)
LA PAYA, LA VALLA Y LA BAYA.
Me han contado
que un paisano
tenía un prado
que ha sembrado
por la mañana
de marihuana
y lo ha vallado.
Por la noche,
una paisana
casquivana
que vive de noche
a troche y moche
vino en coche
con su Porsche
¡qué derroche!.
La paya
saltó la valla
a por la baya
¡vaya paya!
¡vaya baya!
¡vaya valla!
¡vaya, vaya!.
Autor: José García Velázquez
De las clases de miopía
no se yo cual es peor:
la de la vista, la del alma
o la de la razón.
Hay quienes son miopes
porque sus ojos no ven
y otros que no ven nada
por no querer;
quienes a todos se dan
con alma grande
y quienes salvo a ellos
no ven a nadie;
algunos que comprenden
que hay mil formas de ver
y otros cuya razón
se cierra para entender.
Y puestos a elegir
entre miopías,
más que la del alma o de la razón,
prefiero la de la vista,
que al fin y al cabo
con ayuda de unas lentes
el miope de los ojos
verá a la gente;
pero no existen las gafas
-o no las conozco yo-
para el miope de la mente
o del corazón.
José García Velázquez
Segovia, 7 de diciembre de 2005
Miércoles, 17 Febrero 2010
Ya se ha muerto la sardina
Ya la llevan a enterrar
Entre cuatro monaguillos
El cura y el sacristán.
CINCO SENTIDOS
Veo, oigo, huelo, saboreo
y toco con mis manos
todo lo que quiero.
Veo los colores, ¡bonitos que son!,
rojo, amarillo, verde y marrón.
Oigo las campanas de una canción
cuando alegres suenan con su
din, din, don.
Veo, oigo, huelo, saboreo
y toco con mis manos
todo lo que quiero.
Huelo el perfume que tiene una flor
si de paseo por el parque voy.
Me gusta la pizza,
¡qué rico es su sabor!
Me tomo un helado de nata y limón.
Veo, oigo, huelo, saboreo
y toco con mis manos
todo lo que quiero.
Mis manos acarician
y sienten muchas cosas:
lo liso, lo arrugado,
el frío y el calor.
Son cinco los sentidos
que me ayudan a vivir,
y las cosas que suceden
me hacen descubrir.
