Polígonos para la integración social

Como hemos dicho en numerosas ocasiones, los juegos pueden servir para algo más que para entretener. Pueden servir para enseñar y ejemplificar la segregación y la integración.
Vi Hart y Nicki Case, han escrito este juego a modo cuento que explica cómo «elecciones inocentes pueden hacer el mundo algo peor». La parábola de los polígonos es una especie de historia con moraleja y meditación asociadas respecto a cómo actuamos a veces y por qué.

Fuente: eldientedeltiempo.org
Fuente: eldientedeltiempo.org

Sus autores se han basado en el trabajo del teórico de juegos y ganador del Premio Nobel en 2005, Thomas Schelling. Específicamente, su modelo matemático de segregación racial encontrado en Modelos Dinámicos de Segregación.

El juego tiene apariencia sencilla consiste en mover cuadros azules y triángulos amarillos que conviven en un tablero. Hay que moverlos según ciertas reglas para que cumplan ciertos porcentajes que determinan cuándo les gusta estar juntos o separados, como si fueran vecinos, compañeros de clase o gentes de un gremio. Cada polígono prefiere estar en un grupo diverso, sólo podemos cambiarlos de sitio si están insatisfechos o tristes con su vecindad inmediata. Cuando están bien donde están, sonriendo, no podemos moverlos. En concreto, la regla es que “me quiero ir si menos de 1/3 de mis vecinos son como yo”, en caso contrario no podremos moverlos.

Asimismo, se puede juguetear con algunas de las explicaciones que permiten entender mejor la historia y hay simuladores para comprobar qué sucede cuando esas reglas y valores se aplican a grupos más grandes.

La conclusión del simulador de Schelling es que demandar un poquito de diversidad en tus espacios crea una diferencia gigante en general. Si los pequeños gestos han llevado a la falta de diversidad, otros gestos pueden arreglarlo. Mira a tu alrededor, si sois todos triángulos os estaréis perdiendo algunos cuadrados geniales, y viceversa, algo que puede considerarse injusto para todos.

Como dicen los autores, en el caso de esta parábola se ha establecido “un final feliz” en el que mediante una regla muy sencilla se obtiene la integración de todo un vecindario.

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