¿Pero por qué se reforma ahora el Bachillerato?

Cada vez que se propone una reforma educativa nos preguntamos por su finalidad: ¿a qué viene esto?, ¿qué pretenden conseguir?, ¿este cambio servirá para mejorar el sistema o al final seguiremos igual o incluso peor? En este artículo pretendemos ayudar a comprender y despejar dudas sobre los fundamentos del nuevo Bachillerato de finales de octubre.

La transformación se implantará a comienzos del curso académico 2022/2023, si los calendarios políticos no lo impiden.

Lo que el Bachillerato fue

Desde sus orígenes, allá por mediados del siglo XIX, la finalidad del Bachillerato es la formación inicial de los futuros estudiantes de los grados superiores. En el caso español, las enseñanzas universitarias o las profesionales.

El sistema educativo se compone de una educación primaria que se centra en la educación integral y la formación de ciudadanos en valores, y una etapa secundaria que hace más hincapié en la instrucción, en la preparación en contenidos de cara a una futura especialización de alumnos y alumnas. Solo se valora si el estudiante sabe o no. No se trata de educar. Solo de instruir.

Gracias a esta especialización se logra su posterior inserción en el mercado laboral. Nace la educación pública, tal y como hoy la concebimos.

Es acertado asegurar que las “enseñanzas medias” surgen para preparar a aquellos –una élite minoritaria en los primeros momentos– que pretenden cursar estudios ulteriores.

Esta definición es todavía hoy objeto de discusión: ¿el Bachillerato debe tener carácter selectivo, segregacionista, clasista y elitista, tal y como sucede desde el XIX? ¿O tiene que ser más completo, integrador, universal o inclusivo? ¿Es posible armonizar ambas perspectivas?

Poco a poco, el Bachillerato se redefine. A partir de los años 60, se universaliza. Ya no acuden solo los niños y niñas de esas élites. Los estudiantes tienen una procedencia más diversa. De la uniformidad se pasa a la diferencia.

Lo que será el Bachillerato

El documento publicado por el Gobierno incluye numerosas modificaciones relevantes.

Las novedades relacionadas con el objetivo de convertir el Bachillerato en una etapa más atractiva para el alumnado, matizando sus componentes selectivos y segregacionistas. Todo ello sin abandonar el propósito de conseguir la necesaria formación.

Estos cambios buscan que disminuya la elevada cifra de jóvenes españoles que, aún habiendo aprobado la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), desertan del sistema educativo y no siguen estudiando. O lo que es lo mismo, según nos dicen las estadísticas, se trata de reducir el porcentaje del fatídico “fracaso escolar” o “abandono educativo temprano”. Un asunto en el que España lidera la clasificación europea.

Por este motivo se ha creado una cuarta modalidad de Bachillerato llamada “General”, que se une a las anteriores de “Ciencias y Tecnología”, “Artes” y “Humanidades y Ciencias Sociales”. La nueva modalidad está destinada para aquellos estudiantes que a los dieciséis años todavía no se decantan expresamente por un determinado grado universitario. Dispondrán de más tiempo para adoptar esa decisión, mientras prosiguen con sus estudios secundarios.

También te puede interesar:
Las ventajas de los cursos intensivos online para preparar la selectividad 2020 y arrasar con los resultados

También se prevé la posibilidad de realizar esta etapa en tres años si se reúne una serie de condiciones (deportista de alto nivel, cursar enseñanzas profesionales de música, etc). Los estudiantes se podrán presentar a la Evaluación para el Acceso a la Universidad (EVAU) con una asignatura suspensa, si lo aprueba el equipo docente.

Contenidos y formas

Identificamos un segundo grupo de novedades. Está vinculado con la idea de cambiar los contenidos y formas de enseñar. Se trata de renovar asignaturas, relacionarlas con la realidad del primer cuarto del siglo XXI, y adecuar las metodologías a los intereses de la juventud actual.

En el texto de la reforma se especifica que se persigue disminuir la presencia de la enseñanza puramente instructiva, teórica y tradicional.

Aquí encuadramos nuevas materias como “Movimientos Culturales y Artísticos”, o “Economía, Emprendimiento y Actividad Empresarial”.

Se renuevan parte de los contenidos y modos de enseñar de otras. “Historia de España” o “Lengua castellana y Literatura” suman nuevos objetivos y temáticas. En esta misma línea, el Gobierno pretende incrementar los recursos para disminuir las barreras que entorpecen el progreso de estudiantes con necesidad de apoyos educativos específicos.

¿Servirá esta reforma para algo?

La respuesta a la pregunta del epígrafe depende de la idea que tengamos sobre la calidad de la educación. En el paisaje político español tenemos de todo. Los que ven necesario un sistema educativo –un Bachillerato, por ejemplo– más selectivo, donde no se “regalen” aprobados; los que consideran que una educación de calidad supone enseñar en la integración, garantizando las mismas oportunidades para todos y todas. Y luego están los situados en los lugares intermedios. Hay para todos los gustos.

Hemos de recordar que lo publicado en los medios es tan solo el borrador del futuro Decreto. Tengamos presente que todas las Comunidades Autónomas tienen competencias compartidas con el Gobierno central en materia educativa. Y eso obliga al Gobierno a escuchar sus propuestas. También los ejecutivos autonómicos deben incluir sus propias materias.

Por todo ello, el texto final diferirá del presentado, con la intención de conseguir el mayor acuerdo posible.

No es el momento de responder con rotundidad. No es nuestro propósito. El tiempo dirá si la reforma gozará de cierta estabilidad o no. Si es capaz de generar consenso entre los actores políticos. Solo se pretende ayudar a la reflexión sólida. En educación abundan los argumentos sin rigor. Le invitamos a que saquen sus propias conclusiones.

Manuel Hijano del Río no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el original aquí.

Ir arriba