La curiosidad es imprescindible para el aprendizaje de los niños y además debe estar presente para que puedan desarrollarse de forma adecuada en cada etapa de su vida. A los adultos muchas veces se nos olvida esta importancia y pensamos que el mejor aprendizaje es a través de la memoria y de poco más… ¡y de eso nada! La curiosidad es el motor del aprendizaje ¡a todas las edades!

Es importante inculcar a los pequeños esta curiosidad tanto desde casa como desde la escuela, pero ambas partes deberán estar unidas en el proceso de aprendizaje de los niños y por tanto, deberán potenciar en ambos ámbitos la motivación hacia los aprendizajes a través de la curiosidad.

Pero ¿qué se puede hacer para potenciar la curiosidad de los niños en la escuela? Las escuelas actualmente se rigen por unos temarios bastante cerrados que dejan poco margen de tiempo para poder crear actividades motivadoras para los niños.

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Fuente: educacion2.com

 

Esto hace que los profesores y maestros tengan (y deban) que estrujar su imaginación para poder cambiar la perspectiva de las clases y así poder tener unos alumnos motivados en lugar de unos alumnos aburridos… sin entender por qué deben aprender todos los contenidos que tienen delante. A continuación te daré algunos ejemplos para potenciar la curiosidad desde el aula:

  • Trabajar los contenidos mediante proyectos educativos en los que los niños sean los protagnistas, de esta manera las clases serán espacios de aprendizajes reales porque los niños podrán despertar su curiosidad dormida.
  • Dedicar tiempo y atención a las posibles dificultades de aprendizaje que se puedan presentar dentro del aula.
  • Dejarles que puedan utilizar sus sentidos y ser unos auténticos exploradores (siempre bajo supervisión del adulto).
  • Despertar su pensamiento crítico haciéndoles pensar la respuesta a sus propias preguntas.

¿Añadirías algo más a este listado para potenciar la curiosidad como motor de aprendizaje dentro del aula?

3 Comentarios

  1. Lo que añadiría, es la cita de la autora de ese concepto, Catherine L’Ecuyer. Saludos,

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