Estaban los dos en la orilla del mar, en la arena clara, húmeda, buena para hacer castillos. Y eso estaban haciendo: un castillo de arena.
- Más alto, papi, más alto. Ponle también una torre cuadrada en el centro, y un puente levadizo hazle.
-Lo que tú quieras… si me ayudas.
El niño está de rodillas en la arena, volviéndose poco a poco más pequeño que su castillo.
- Pero yo no sé…
- Sí que sabes. A ver, ¿qué es esto?
El niño achica los ojos.
-Un soldadito haciendo guardia en la muralla.
- ¿Y esto?
- Una ventana.
- ¿Y qué se ve dentro de la ventana?
- La princesa del castillo.
El padre sonríe, sacudiéndose la arena de las manos.
- ¿Ves como sí puedes ayudar?
(Continúa….)
El resto del relato puedes encontrarlo en la publicaciones de su autor, Joel Franz Rosell:
- Los cuentos del mago y el mago del cuento (Ediciones de la Torre, Madrid,1995)
- La canción del castillo de Arena (A. Fortiori Editorial, Bilbao, 2007)
Las esponjas suelen contar historias interesantes.
El único problema es que las cuentan en voz muy baja y para oírlas hay que lavarse bien las orejas.
Una esponja me contó una vez lo siguiente: En una época lejana las guerras duraban mucho. Un rey se iba a la guerra y volvía treinta años después, cansado y sudado de tanto cabalgar. Algo así le sucedió al rey Vigildo. Se fue de guerra una mañana y volvió veinte años más tarde, protestando porque le dolía todo el cuerpo.
Miércoles, 19 Septiembre 2007
Lo siento pero no entiendo a que viene ese debate encarnizado que se traen. Que si la educación moral es patrimonio exclusivo de los padres, y de la Iglesia, parece ser. Que si les van a “inculcar” valores contrarios a los que ellos quieren.
Aparte de que no veo nada malo en lo que se va enseñar en esa asignatura. A menos que se esté en contra de la solidaridad, del respeto a los demás y del diálogo como método democrático de llegar a acuerdos y de defender nuestras ideas en la sociedad.
Mi pregunta es: ¿A que tienen miedo?
Aunque en esa asignatura algún profesor defienda alguna idea contraria a las mías ¿Y qué? Es que yo no he transmitido a mi hijo unas ideas sólidas y en mi opinión buenas para él. Que voy a hacer, ¿aislarle del mundo para que no reciba más influencia que la mía? ¿Censuraré sus lecturas, los programas de televisión que ve y hasta sus amigos por si le influyen de manera opuesta a mis ideas?