Relator: -Había un pueblo que tenía grandes riquezas ya que hasta los niños trabajaban. Sin embargo, a pesar del bienestar, la gente del pueblo jamás sonreía. El rey caminó por el pueblo y después de observar le dijo a su consejero:
Rey: -Hoy estuve por el pueblo y no vi a la gente sonreír.¿Por qué crees que eso sucede?
Consejero: -La gente trabaja mucho y no tiene tiempo en familia…
Rey: -Pero si el trabajo es recompensado, ¿cómo puede ser que estén siempre tristes?
Consejero: -¿Usted vio algún niño o niña jugando en las plazas?
Rey: -No, cada uno en sus puestos de trabajo.
Consejero: -Hasta los niños deben trabajar junto con sus padres para terminar las tareas que usted dispuso.
Rey: -La única manera de tener un gran pueblo es trabajando de sol a sol.
Consejero: -La gente debe descansar y los niños no deben trabajar.
Rey: –Excusas… la grandeza de un pueblo se demuestra por sus obras.
Consejero: -Si solo dejara un tiempo de descanso para que las familias se reencuentren, todo sería distinto.
Relator: -El rey no quiso escuchar razones, después de un tiempo, comenzó a tener terribles sueños y preocupado llamó al consejero.
Rey: -Mi gran sabio, tengo sueños que me atormentan y me despierto con gran angustia.
Un anciano rey tuvo que huir de su país asolado por la guerra. Sin escolta alguna, cansado y hambriento, llegó a una granja solitaria, en medio del país enemigo, donde solicitó asilo. A pesar de su aspecto andrajoso y sucio, el granjero se lo concedió de la mejor gana. No contento con ofrecer una opípara cena al caminante, le proporcionó un baño y ropa limpia, además de una confortable habitación para pasar la noche.
Y sucedió que, en medio de la oscuridad, el granjero escuchó una plegaria musitada en la habitación del desconocido y pudo distinguir sus palabras:
-Gracias, Señor, porque has dado a este pobre rey destronado el consuelo de hallar refugio. Te ruego ampares a este caritativo granjero y haz que no sea perseguido por haberme ayudado.
El generoso granjero preparó un espléndido desayuno para su huésped y cuando éste se marchaba, hasta le entregó una bolsa con monedas de oro para sus gastos.
Profundamente emocionado por tanta generosidad, el anciano monarca se prometió recompensar al hombre si algún día recobraba el trono. Algunos meses después estaba de nuevo en su palacio y entonces hizo llamar al caritativo la-briego, al que concedió un título de nobleza y colmó de honores. Además, fiando en la nobleza de sus sentimientos, le consultó en todos los asuntos delicados del reino.
Un día que el agua se encontraba en su elemento, es decir, en el soberbio mar sintió el caprichoso deseo de subir al cielo. Entonces se dirigió al fuego:
-Podrías tú ayudarme a subir mas, alto?
El fuego aceptó y con su calor, la volvió más ligera que el aire, transfor-mándola en sutil vapor.
El vapor subió más y más en el cielo, voló muy alto, hasta los estratos más ligeros y fríos del aire, donde ya el fuego no podía seguirlo. Entonces las partículas de vapor, ateridas de frío, se vieron obligadas a juntarse apretadamente, volviéndose más pesados que el aire y ca-yendo en forma de lluvia. Habían subido al cielo Invadidas de soberbia y fueron inmediatamente puestas en fuga. La tierra sedienta absorbió la lluvia y, de esta forma, el agua estuvo durante mucho tiempo prisionera del suelo y purgó su pecado con una larga penitencia.
Hace muchos años, en un viejo castillo abandonado, vivía la familia Fantasmina que, como su nombre lo indica, era una familia de fantasmas. Pero no eran como los fantasmas que todos conocemos. Ellos eran de colores rojos, azules, verdes, rayados, a lunares, con florecitas y todos muy alegres y divertidos. La historia que quiero contarles ocurrió durante una noche tormentosa. Los más pequeños de la familia ya estaban acostados cuando vieron que unas extrañas sombras entraban por la ventana acompañadas de unos fuertes ruidos que retumbaban por todos los rincones.
¡Fshhhhhhhhhh! ¡Fshhhhh! ¡Plam, plum, plam! Nunca antes habían escuchado algo parecido.
-¡Qué miedo! -dijo uno de ellos y se tapó hasta la cabeza con la sábana.
Plic y Ploc son dos gotitas de agua. Son hermanas y viven en la cima de una montaña muy alta, que está siempre cubierta de nieve. Tienen la forma de copitos de nieve.
Una tarde, el sol empezó a brillar con toda su fuerza. Las dos gotitas estaban jugando un apasionante juego de ajedrez…
- ¡Oyes! ¿Estás pensando lo mismo que yo?-preguntó Plic.
- Sí, hermana, guardemos todo que empieza el viaje -dijo Ploc.
Terminaron de guardar el tablero de ajedrez justo cuando la nieve se empezó a derretir. Plic empezó a chapotear en un
charquito y Ploc en otro.
- ¡Nos vemos abajo! -gritaron riendo a carcajadas.
Minutos después los dos charquitos se juntaron y formaron un arroyo que bajaba a toda velocidad. Las dos gotitas jugaban a tirarse agua y a esconderse. De pronto el arroyo
cayó y cayó hasta llegar a un lago enorme. Pero parte del agua no pudo quedar en el lago y siguió su camino hacia un río.
Según cuenta la historia durante la Edad Media comenzaron los ataques de los piratas mahometanos a las costas de Europa, un azote que se prolongaría durante siglos. Se aproximaban con sus barcos sin ser vistos y saqueaban las aldeas buscando sobre todo hacer prisioneros. Estos prisioneros eran vendidos luego en las ciudades del norte de África.
Para ayudar a estos desgraciados que habían sido arrancados de sus hogares y familias San Juan de Mata creó la Orden de los religiosos trinitarios. La finalidad principal de estos frailes no era otra que redimir a los cautivos, es decir, traerlos de vuelta.
Hacía tiempo que Disney no lanzaba ninguna película de princesas, pero de princesas a la antigua usanza como La Cenicienta, La Bella Durmiente, Blancanieves…. pero la sequía se ha acabado y ahora llega Tiana y el Sapo, una historia de princesas, aunque un tanto atípica.
Para empezar Tiana es la primera princesa de color de Disney, que ya era hora, aunque yo tengo mis dudas porque, ¿qué pasa con Pocahontas?. Bueno, Tiana es una joven afroamericana de familia humilde que trabaja duramente para conseguir su sueño y el de su padre: montar un restaurante chic en el que se sirva el mejor gumbo (sopa de mariscos con arroz) de la ciudad. Estará acompañada de su madre y su mejor amiga, Charlotte, que sueña casarse con un príncipe.
El príncipe se llama Naveem, y no es apuesto que digamos, al menos no lo es durante un tiempo porque sus juergas y fechorías le llevan a convertirse en sapo como víctima de un malvado hechicero y le pide a Tiana que le de un beso en la boca para anular el hechizo, pero las cosas no salen según lo esperado.
Se estrenó el pasado 5 de febrero así que ya podeís ir corriendo a verla al cine.