Cuento “Los animales”

Cuento “Los animales”

¡Lo había conseguido! Después de varios días dando la lata, persiguiendo a mamá por todos los pasillos, ordenando los juguetes y comiendo todo lo que le ponían, María consiguió que la dejaran ir al zoo. Hasta habían convencido a los papás de Victoria, Sara y Lucía. Pues bien, compraron las entradas y fueron para allá.
En la entrada al zoo, una chica con una cámara colgada al cuello les hizo una foto que recogerían al salir.

Nada más entrar se subieron en un tren divertidísimo, lleno de colores, y allí se anunciaban las paradas que haría el tren. La primera eran las aves.
Allí había loros, pelícanos, guacamayos, lechuzas, pelícanos, etc,… todos ellos con un gran plumaje.

La siguiente parada con el trenecillo fueron los simios. Eran muy divertidos, se tiraban a ellos mismos cáscaras de cacahuetes vacías para que los demás fueran corriendo a por ellas pensando que tenían algo,… Saltaban de un sitio a otro ¡y sin caerse!

Siguiendo la visita llegaron al sitio donde estaban los hipopótamos, rebozándose en un barro gris, húmedo y denso. Otros en cambio estaban paralizados, y sólo movían los ojos.
Los rinocerontes sí que parecían más peligrosos, con una piel durísima y un cuerno enorme. De repente uno de ellos gritó, y todos los que los estaban viendo dieron un salto hacia atrás, pero no pasaba nada, ya que había un gran muro que los separaba de la gente.

De ahí fueron al delfinario, donde había unos delfines haciendo malabares, jugando con pelotas, empujando a los entrenadores y dando grandes saltos mortales. Era maravilloso.
Después el tren les llevó a ver a los grandes osos, que emitían unos ruidos un poco extraños. También había cebras, patos, cocodrilos, camellos,… Todo estaba muy tranquilo, pero de repente María sintió que pasaba algo extraño y dijo a sus amigas que fueran corriendo con ella.

De repente un gran rugido del tigre de vengala les llamó la atención y cuando quisieron darse cuenta su jaula no estaba bien cerrada y de un gran salto el tigre salió de allí.
Pareció que se había parado el mundo, de repente no se oía nada, pero los animales, presintieron todo con su olfato y los elefantes comenzaron a bramar, los monos a chillar, a rugir los leones,…
Aquello daba un miedo horrible. Los cuidadores trataban de calmar a los animales pero era imposible, estaban muy nerviosos.
María y sus amigas tenían mucho miedo, casi no respiraban para que no las oyeran, pero de repente María no pudo contener un estornudo y el tigre se dio cuenta y se paralizó, mirándolas fijamente.
En cuanto ellas echaron a correr, el tigre salió detrás y a toda velocidad, sin parecer importarles nadie más que no fueran ellas.
De repente, en la zona de los osos panda encontraron la solución. Había una jaula vacía y abierta. Se pararon en seco y María se quitó la cazadora. Justo cuando ya casi estaba el tigre encima de ellas, tiró la cazadora dentro de la jaula y el tigre se pasó dentro como si pensara que era la niña.

Mientras el tigre estaba comiéndose la cazadora llegaron los cuidadores y cerraron la jaula. Cuando se dio cuenta no hacía más que rugir y tirándose una y otra vez contra los barrotes muy enfadado.
De pronto, todo el mundo empezó a salir de sus escondites, y todos muy contentos daban las gracias a María y a sus amigas por salvarles de las zarpas del tigre.
El encargado del zoo le dio las gracias llevándolas al delfinario a tocar a los delfines y a darse un paseo por sus lomos.

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