Estudiamos la lengua inglesa desde pequeños. Llegamos a los 25 años y no lo hemos aprendido, mientras que la mayoría de los países son bilingües. ¿Qué nos pasa con el inglés?
Nos pasamos la vida yendo a clases de inglés, aprendiendo gramática y vocabulario. Nunca acabamos de aprenderlo y mejor no nos pongamos a pronunciarlo. ¿Por qué lo hablamos tan mal?
Dicen que el inglés es difícil si y sólo si hablas español… Desde el punto de vista de un castellano parlante el inglés se nos atraviesa. Según Fernando Galván, un catedrático en Filología, afirma que el inglés es un sistema de 12 vocales y el español únicamente tiene 5. Partiendo de esa base, nos metemos en sonidos nuevos que no conocemos.
Bien es cierto que actualmente intentan atornillarnos el inglés como sea, vivimos en la era de la ‘titulitis’ española y nos exigen un nivel de inglés que quizá no tenga nada que ver con el B2 ó el C1, sino más bien con poseer diferentes títulos que acrediten que lo hablemos, aunque no tengamos ni remota idea.
Y es que el inglés se nos da mal. Tenemos miedo de hablar en inglés, un complejo difícil de quitar que nos paraliza a la hora de seguir estudiando el idioma. Acabamos odiándolo por el simple hecho de que no nos sale bien.
Quizá el problema es que utilizamos el idioma como una asignatura, cuando más bien estamos hablando de una herramienta que nos abre puertas al mundo laboral, por ejemplo. Algo que nos es imposible de ver cuando una de las élites de nuestro país vocaliza el inglés tan bien como un mueble de salón, apodando ‘relaxing cup of café con leche’.
En definitiva, debemos ver la lengua inglesa como una herramienta y no como una asignatura que aprobar, sólo de esta manera conseguiremos pasar al siguiente nivel y conseguir un nivel fluido que nos permita abrirnos puertas a otros caminos.
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