España ocupa el puesto 36 de 113 países en el EF English Proficiency Index 2025, con una puntuación de 540 sobre 800, nivel considerado «moderado». El punto más débil está en la expresión oral: 462 puntos, frente a 558 en comprensión lectora. El sistema educativo ha puesto el foco en el inglés escrito, pero la práctica conversacional sigue siendo una deuda pendiente para muchos estudiantes.
El dato se agudiza en bachillerato. Según Eurostat (2023), solo el 16,1 % de los estudiantes españoles de bachillerato estudia dos o más idiomas, frente al 48,9 % de media en la Unión Europea. Casi la mitad de los europeos llega al mercado laboral con dos lenguas extranjeras; en España, la mayoría termina el bachillerato con una.
Lo que establece la LOMLOE sobre las lenguas extranjeras
La Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE) integra la lengua extranjera como materia obligatoria en cada etapa. El artículo 14 obliga a las administraciones a fomentar una primera aproximación a la lengua extranjera ya en el segundo ciclo de Infantil (3-6 años). El artículo 18 la convierte en área obligatoria en toda la Primaria, de 1.º a 6.º. El artículo 24 la mantiene en los tres primeros cursos de la ESO de forma obligatoria y garantiza una segunda lengua como optativa en esa etapa.
La ley también habilita a las comunidades autónomas para desarrollar programas plurilingües en los que algunas materias se impartan en lengua extranjera. En Primaria, la participación en inglés es prácticamente universal: Eurostat sitúa a España entre los países con tasas del 99-100 % en esta etapa.
El inglés, base necesaria pero no suficiente
El inglés es el idioma de referencia en ciencia, tecnología, negocios internacionales y la mayor parte de los recursos académicos disponibles en internet. Sin un nivel sólido, el acceso a revistas especializadas, plataformas de formación, becas Erasmus y procesos de selección en empresas multinacionales se estrecha mucho. No es un valor añadido, es un requisito de entrada en buena parte del mercado.
El EF EPI 2025 señala que Galicia (563 puntos), Madrid (553) y Navarra (553) lideran internamente, mientras Castilla-La Mancha (509) y Extremadura (514) están en la cola. Esta dispersión revela que los programas bilingües y la exposición temprana marcan diferencias reales entre comunidades. El hábito de estudio constante, sin picos ni abandonos entre cursos, es lo que más influye en el progreso real en cualquier idioma.
Francés, alemán, portugués y chino: qué aporta cada uno
Tras el inglés, el francés es el segundo idioma más estudiado en la UE, con el 29,3 % de los alumnos de secundaria superior según Eurostat (2023). La proximidad con Francia y la demanda en turismo, hostelería y logística sostienen ese interés en España. Muchos centros públicos lo ofrecen como segunda lengua extranjera en ESO y Bachillerato.
El alemán, que estudia el 20,9 % de los alumnos europeos de bachillerato, tiene más salida en ingeniería, automoción y química, sobre todo para quienes buscan trabajo en Alemania, Austria o Suiza. La oferta oficial en España es más limitada, pero existe en bastantes institutos con buena tradición de idiomas.
El portugués es probablemente el idioma con mejor relación esfuerzo-resultado para un hispanohablante. La proximidad lingüística acorta mucho el tiempo de aprendizaje, y los mercados de Brasil, Portugal y el ámbito digital lusófono ganan peso. El chino mandarín, en cambio, tiene una curva de aprendizaje muy pronunciada, y la demanda laboral en España fuera de perfiles orientados al comercio con China sigue siendo modesta.
Cómo aprender con eficacia
La psicolingüística lleva décadas señalando el mismo punto: la exposición acumulada importa más que el método. Leer, escuchar, hablar y escribir en el idioma de forma regular produce progresos que los repasos intensivos antes de un examen no pueden replicar. Los investigadores en adquisición de segundas lenguas hablan de al menos 30-60 minutos de exposición activa diaria para notar mejora en seis meses.
Los cursos de idiomas online permiten estructurar ese aprendizaje sin alterar los horarios del curso escolar y obtener titulaciones reconocidas. Lo que ninguna plataforma puede sustituir es la práctica oral: conversaciones con hablantes nativos o tutores marcan una diferencia que los ejercicios escritos no cubren. Para quienes también están valorando qué carrera estudiar, dominar una segunda lengua amplía el abanico de opciones; en la guía para elegir universidad hay criterios que van mucho más allá de la nota de corte.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad es mejor empezar a aprender un idioma extranjero?
Cuanto antes, mejor en términos de pronunciación y automatización. La LOMLOE ya contempla la aproximación a la lengua extranjera desde Infantil, a partir de los 3 años. A los 14 o a los 40 tampoco es tarde: la capacidad adulta compensa con estrategia, sobre todo en gramática y vocabulario técnico.
¿Cuánto tiempo hay que dedicar cada día para progresar?
Los investigadores en adquisición de segundas lenguas recomiendan al menos 30-60 minutos de exposición activa diaria. La clave es que sea variada: gramática, escucha, lectura y producción oral, no solo ejercicios de un tipo.
¿Qué idioma conviene aprender después del inglés?
Depende del perfil. Francés si el objetivo es Europa o el sector turístico. Alemán para industria centroeuropea. Portugués si se busca la mejor relación esfuerzo-resultado con salida en mercados lusófonos o latinoamericanos. Chino mandarín como apuesta a largo plazo en perfiles muy específicos.
¿Los programas bilingües mejoran realmente el nivel de inglés?
Los estudios disponibles muestran resultados positivos cuando el número de horas de instrucción es suficiente. El riesgo habitual es que descuiden la comprensión lectora en español si no se equilibra bien. La calidad del profesorado y las horas reales de práctica marcan más la diferencia que el nombre del programa.
¿Qué certificados de idiomas tienen más valor en España?
Para inglés: Cambridge (B1 Preliminary, B2 First, C1 Advanced) e IELTS. Para francés: DELF/DALF. Para alemán: Goethe-Zertifikat. Todos se calibran según el Marco Común Europeo de Referencia (MCER), el estándar oficial en la UE que usan los centros españoles para situar el nivel.









