Cómo enseñar a nadar a tus hijos este verano

¿Estás pensando en enseñar a nadar a tus hijos este verano? No te pierdas todos estos consejos para conseguirlo.

Fuente: pixabay
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Si tus hijos todavía no saben cómo flotar, dar una brazada o bucear, el verano es la época perfecta para enseñarles. Por eso, hoy vamos a dar algunos consejos para que puedas enseñar a nadar a tus hijos de manera sencilla.

Enseñar a nadar en 4 pasos

Diferentes expertos, como se explica en serpadres.com, hablan sobre cómo enseñar a los más pequeños a nadar en cuatro sencillos pasos que explicamos a continuación.

1 – Empezar despacio

Los niños pueden estar inquietos con la idea de tener que flotar y controlar la respiración. Por eso, es necesario ser paciente y comenzar despacio y poco a poco. Para lograrlo, lo mejor es que el niño empiece por sentarse en la orilla de la piscina y meter los pies en el agua. Luego, querrá meterse en el agua en un lugar en el que pueda hacer pie. Una vez que esté en el agua, puedes echarle agua por encima poco a poco, y animarlo a que meta la cara debajo del agua.

No te olvides de explicarle cómo debe de soplar debajo del agua por la nariz para hacer burbujas y meterte dentro con él para enseñarle cómo respirar correctamente. Esto puede practicarlo en la bañera de casa, por ejemplo.

2 – Animar al niño a sumergirse

Son muchos los niños que comienzan a llorar según entran en el agua. Lo ideal es hacerlos sentir seguros, cargándolos en el agua, incluso aunque esté gritando, y ponerlo delante con los brazos alrededor suyo, llevar algún juguete, cantarla canciones para poder distraerlo, etc.

3 – Fuera flotadores

Los expertos no recomiendan que los niños utilicen flotadores, ya que pueden ofrecer una sensación de una falsa seguridad. No solo eso, sino que, con ellos, los niños también adoptan una forma incorrecta de mantenerse a flote, ya que estarían en una posición vertical.

Los manguitos y las burbujas son materiales que ya no se suelen utilizar en clase de natación. Por un lado, los manguitos son geniales para los más pequeños, pero los niños que son más mayores y están aprendiendo a nadar, terminan colgándose de ellos y esto les quita agilidad para poder moverse con libertad en el agua. Las burbujas, por su parte, solo cuentan con un único punto de apoyo a la hora de flotar, que es la espalda. Por eso, el peso del niño queda aquí descompensado. La burbuja ayuda al niño a no hundirse, pero no le permite tener el equilibrio más adecuado.