Por qué esforzarse muchas horas no garantiza aprender más

Cuántas veces has oído la frase «si te hubieras esforzado un poco más, habrías aprobado». Detrás de esa idea hay un error de base: el esfuerzo no se mide en horas sentado delante de un libro, sino en lo que pasa dentro de la cabeza mientras se estudia. Lo explica Sylvie Pérez, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC): «Estar una hora leyendo un texto implica el esfuerzo de estar sentado, no de aprender. No se trata de invertir horas, sino de concentrarse por completo y esforzarse mentalmente por comprender los conceptos y relacionarlos con lo que ya sabemos».

La memoria de trabajo, la que de verdad importa

Aprender sin pensar activamente es imposible, y la razón está en la memoria de trabajo. Además de la memoria a corto plazo (la sensorial, la que retiene un dato unos segundos) y la memoria a largo plazo (donde queda lo que hemos aprendido de verdad), existe esta tercera pieza que se activa cuando manipulamos la información de forma consciente. A eso se le llama aprendizaje activo, y es distinto de simplemente «hacer cosas»: consiste en pensar activamente sobre lo que se está aprendiendo. Si quieres profundizar en cómo se aplica este enfoque en el aula, puedes leer nuestra guía sobre aprendizaje activo.

Pérez lo ilustra con un ejemplo cotidiano: aprender una receta de cocina. Cuando ya te la sabes de memoria es porque ha pasado a la memoria a largo plazo, pero para llegar ahí antes tuvo que pasar por la memoria de trabajo, ese momento en el que cocinas el plato por primera vez con toda la atención puesta en ello. Tienes la receta delante, mides los ingredientes, los añades en el momento adecuado, controlas la temperatura del horno. Si lo haces sin distracciones, la mente está activa todo el rato, y así es como terminas reteniéndola.

Con los niños en el colegio pasa lo mismo. Necesitan activar la memoria de trabajo para conectar lo que ya saben con lo que se les está enseñando, y esa tarea exige esfuerzo por su parte. No depende tanto de la metodología del profesor, sea una clase magistral o un método más novedoso, sino de que consiga crear las condiciones para que el alumno se esfuerce por entender lo que está escuchando. Nuestro artículo sobre cómo funciona el cerebro cuando aprende entra en más detalle sobre estos procesos.

Por qué a unos niños les cuesta más que a otros

Hay niños que hacen este proceso casi sin darse cuenta, con un esfuerzo mínimo, y otros para los que manipular la información, examinarla y transformarla en la mente resulta mucho más costoso. Según Pérez, algunos tienen una velocidad de procesamiento más lenta y otros una memoria de trabajo más limitada, pero ambas cosas se pueden entrenar. «Simplemente tenemos que detectar que existe esta dificultad», señala. Son funciones ejecutivas que, con reeducación psicopedagógica y estrategias específicas, se vuelven cada vez más ágiles.

Pérez propone tres estrategias sencillas para entrenar la memoria de trabajo en casa. Los juegos de mesa entrenan estas habilidades de forma casi automática: en las cartas hay que pensar qué tiene el oponente, y en el parchís hay que recordar la posición de las fichas nada más lanzar los dados. Hacer esquemas, resúmenes o subrayar obliga a manipular el texto y buscar las palabras clave, algo mucho más eficaz que memorizar sin más: «Cuando salgas del examen ya lo habrás olvidado; si lo elaboras y organizas, ese esfuerzo es el que necesitas para aprender de verdad». Y los pasatiempos clásicos, sopas de letras, sudokus, crucigramas, también ponen a trabajar esta memoria. Si buscas más ideas contrastadas, tenemos una recopilación de técnicas de estudio que sí funcionan según la investigación en psicología cognitiva.

También te puede interesar:  Publicado el libro "Experiencias educativas en las aulas del siglo XXI. Innovación con TIC"

El problema de la inmediatez

Una de las razones por las que cuesta tanto meter el esfuerzo en la ecuación del aprendizaje es que vivimos rodeados de recompensas inmediatas. «Todo caduca rápido y las recompensas se esperan al momento, da igual el ámbito. Esa necesidad de inmediatez elimina el esfuerzo casi por definición: si no hay tiempo de espera para un ejercicio o una actividad, tampoco hace falta esforzarse», apunta Pérez. Por eso defiende que hay que trabajar la paciencia antes de poder pedir esfuerzo, y que el mundo adulto tiene que dar ejemplo dejando también de vivir pegado a la inmediatez. «Los psicopedagogos tenemos que compartir con docentes y familias la manera en que aprenden los niños», concluye. Si quieres organizar mejor las sesiones de estudio en casa, este artículo sobre cómo organizar el tiempo de estudio y dejar de procrastinar complementa bien estas ideas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la memoria de trabajo y por qué es tan importante para aprender?

Es la memoria que se activa cuando manejamos información de forma consciente, situada entre la memoria sensorial a corto plazo y la memoria a largo plazo. Sin ella no hay aprendizaje real, solo repetición mecánica.

¿Por qué pasar muchas horas estudiando no garantiza buenos resultados?

Porque el tiempo sentado no equivale a atención activa. Se puede estar horas delante de un libro sin que la memoria de trabajo se active, y entonces apenas queda nada en la memoria a largo plazo.

¿Se puede entrenar la memoria de trabajo de un niño?

Sí. Es una función ejecutiva y, como tal, mejora con la práctica: juegos de mesa, esquemas y resúmenes, o pasatiempos como sopas de letras y sudokus la ponen a trabajar de forma natural.

¿Qué actividades ayudan a mejorar la memoria de trabajo en casa?

Juegos de cartas o parchís, hacer resúmenes propios en vez de releer apuntes, subrayar buscando palabras clave y pasatiempos clásicos. Lo común a todas es que obligan a manipular la información, no solo a recibirla.

¿Cuándo hay que consultar a un especialista por dificultades de memoria de trabajo?

Si un niño muestra dificultad sostenida para seguir instrucciones de varios pasos, retener lo explicado en clase o organizar tareas sencillas, conviene que un psicopedagogo o el orientador del centro lo valore, ya que estas funciones ejecutivas se pueden reeducar con estrategias específicas.