España tiene uno de los porcentajes más elevados de escolarización infantil de Europa ya que, a pesar de no ser obligatorio, la gran mayoría de los niños españoles acuden diariamente a alguna guardería en cuanto pueden mantenerse en pie, o a colegios con preescolar. No obstante, hay que matizar que con la crisis en edades tempranas ha disminuido el número de niños que van a guarderías, porque se quedan con padres en paro o abuelos para ahorrar. Pero no vamos a entrar en detalle con esto en el blog de hoy.

Fuente: tipdiario.com
Fuente: tipdiario.com

En la entrada de hoy reflexionaremos realmente sobre la educación de los niños más pequeños en España. El hecho de tener uno de los porcentajes más altos de escolarización en Europa a edades tempranas, puede interpretarse como un ejemplo de país desarrollado y moderno, algo de lo que debemos estar orgullosos.

Pero no sólo tiene esa lectura, ya que encontramos países del norte de Europa, con sistemas educativos ejemplares y resultados académicos excepcionales, en los que la mayoría de los niños no cruzan la puerta de un colegio antes de cumplir los 6 o 7 años.

Numerosos estudios coinciden en que son estos primeros años los que determinan en mayor medida el desarrollo futuro del niño. Sus cimientos, su personalidad, su maduración o su estilo de aprendizaje se conforman durante este breve periodo de tiempo.

Por tanto, es en esta época cuando hay que incidir de forma correcta en su aprendizaje, ya sea por vía de especialistas en el colegio, que quizás sea lo más conveniente, porque están más preparados, o por vía de los padres, como hacen en países nórdicos.

El problema es que tenemos prisa en que las guarderías o escuelas infantiles empiecen a parecerse cuanto antes al colegio, sin respetar plazos ni ritmos, es decir, nos empeñamos en primarizar la educación infantil, para luego secundarizar la primaria. Por tanto, lo que hay que promover es la infantilización de esas edades, que es lo que se esta perdiendo, se está acabando de este modo con la iniciativa, la curiosidad, la diversidad,.. y todo ello para obtener resultados, para estar en una competición sin sentido.

Hay que fomentar en los educadores salir de las rutinas, no evaluar a los alumnos únicamente en función de las cualidades académicas, como memoria y conceptos, sino también evaluar otras aptitudes y potencialidades, para que de cara al futuro, tengan una buena base. Más allá de retener información, hay que saber usarla.

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