Si abres hoy el diccionario de la Real Academia Española en la web o en la app del móvil, estás usando el heredero directo de una obra publicada entre 1726 y 1739: el Diccionario de autoridades. Ese primer diccionario que elaboró la RAE no fue solo una lista de palabras; fue una declaración de cómo debía entenderse y documentarse una lengua. Y entender cómo se hizo ayuda a comprender mucho mejor para qué sirve realmente un diccionario.
Qué hace (y qué no hace) un diccionario
Existe un malentendido muy extendido sobre el papel de la RAE: mucha gente cree que los académicos deciden qué palabras son “correctas” y cuáles no. Arturo Pérez-Reverte, uno de sus académicos más conocidos, lo ha explicado en varias ocasiones: la RAE no actua como juez del lenguaje, sino como notario que recoge el uso que los hablantes hacen de la lengua. Las palabras entran en el diccionario porque los hablantes las usan, no porque la Academia las bendiga.
Un diccionario tampoco es una enciclopedia ni un manual de estilo. Su función es documentar el significado de palabras y expresiones en una lengua determinada, con sus acepciones, su gramática y, en algunos casos, su historia. El debate sobre qué es la norma y qué es el uso tiene mucho que ver con la enseñanza de la lengua, que es también uno de los temas que trabajamos en educacion2.com, donde puedes encontrar recursos para trabajar la lengua desde distintas etapas, como en el artículo sobre los idiomas más difíciles del mundo para aprender si tu lengua materna es el español.
El Diccionario de Autoridades: el primer diccionario de la RAE
La Real Academia Española se fundó en 1713, bajo el reinado de Felipe V. Solo trece años después comenzaba a publicarse su primer gran proyecto: el Diccionario de autoridades, que se completó en seis volúmenes entre 1726 y 1739. El título con el que se conoce no es el original (que era considerablemente más extenso), sino el sobrenombre que remite a su característica más distintiva: el uso de autoridades, es decir, escritores y textos reconocidos, para ilustrar y avalar cada definición.
No era el primer diccionario español. Ya existía el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, obra que el propio Diccionario de autoridades cita y alaba en su prólogo. Pero era el primero elaborado por una institución pública con una metodología sistemática y con ambición de ser referencia duradera para toda la lengua.
Por qué usó “autoridades”
La RAE era consciente de que estaba haciendo algo sin precedentes a esa escala, y quiso ser muy cuidadosa con lo que afirmaba. Para no parecer arbitraria en sus decisiones, apoyó cada definición en textos de escritores y figuras reconocidas: Cervantes, Quevedo, Santa Teresa, Lope de Vega, las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Esas citas no eran adornos: servían como evidencia de que la palabra existía y se usaba de una determinada manera.
La propia Academia aclaró, para evitar malentendidos, que incluir a un autor entre sus autoridades no era un juicio literario. El criterio era documental: ¿el texto demuestra el uso de esa palabra en ese sentido? Si lo demostraba, servía como fuente.
Un ejemplo concreto: la entrada “alma”
Para entender cómo funcionaba el diccionario en la práctica, vale la pena ver cómo definía la palabra alma. La entrada seguía este esquema: categoría gramatical (sustantivo femenino), definición, etimología y, finalmente, tres citas de autoridades que ilustraban el uso:
- Las Siete Partidas de Alfonso X: «hombre verdadéro, è compuesto de alma razonable, y de carne».
- Las Moradas de Santa Teresa: «así à bulto sabémos que tenémos almas; mas qué bienes puede haver en esta alma».
- La Visita de los chistes de Quevedo: «luego que desembarazada el alma se vió ociosa, sin la taréa de los sentidos exteriores».
Este esquema se repetía en miles de entradas. Cada definición llevaba detrás un trabajo de rastreo en textos que, a mediados del siglo XVIII, había que localizar y leer en papel. El esfuerzo fue titanic.
Su huella en la lexicografía actual
El Diccionario de autoridades fue una obra pionera en la lexicografía española, pero no fue perfecto: como primera entrega de la RAE, contiene imprecisiones y un enfoque a veces demasiado conservador. Fernando Lázaro Carreter, en su discurso de ingreso en la RAE, lo calificó como una obra insigne que sentaba cátedra y que había pasado a los anales de la lexicografía como conocimiento obligado.
Lo que más perdura de ese primer diccionario es su estructura: definición más ejemplos de uso. Los diccionarios actuales, incluida la versión en línea de la RAE, siguen ese mismo esquema. La diferencia es que las citas de autoridades del siglo XVIII han dado paso a corpus de millones de textos actuales que la Academia analiza para documentar el uso real de las palabras.
El español es una de las lenguas con mayor número de hablantes en el mundo, y su estudio tiene dimensiones muy distintas según el contexto. Si te interesan las particularidades de distintos idiomas desde la perspectiva del aprendizaje, puedes leer también por qué Irlanda es un buen destino para que los niños aprendan inglés, donde exploramos cómo se aprende una segunda lengua de forma práctica.
Por qué este tema interesa en educación
El Diccionario de autoridades no es solo historia de la lengua: también es un ejemplo de cómo se construye el conocimiento de forma sistemática y con criterios documentados. Conocer cómo nació el diccionario que todos usamos ayuda a entender que las palabras no son fijas ni eternas, que el lenguaje cambia y que la norma lingüística es un acuerdo, no una imposición.
En las asignaturas de Lengua Castellana y Literatura de ESO y bachillerato, el conocimiento de la historia de la lengua forma parte del currículo según la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020), que en su desarrollo curricular incluye la reflexión sobre el español como patrimonio cultural compartido por más de 500 millones de hablantes. Conocer el Diccionario de autoridades es conocer parte del andamiaje de esa lengua.
Preguntas frecuentes sobre el primer diccionario de la RAE
¿Cuándo se fundó la Real Academia Española?
La RAE se fundó en 1713, bajo el reinado de Felipe V. Su primer proyecto editorial fue precisamente el Diccionario de autoridades, cuya publicación comenzó en 1726.
¿Qué significa “autoridades” en el nombre del diccionario?
Se refiere a los escritores y textos clásicos (Cervantes, Quevedo, Santa Teresa, Alfonso X) que se usaban para ilustrar el uso de cada palabra en las definiciones. No era una valoración literaria, sino un criterio documental para avalar que la palabra existía y se usaba en ese sentido.
¿Fue el primer diccionario en español?
No. Antes ya existía el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias (1611). El Diccionario de autoridades fue el primero elaborado por una institución oficial con metodología sistemática y vocación de ser referencia duradera.
¿La RAE decide qué palabras son “correctas”?
No exactamente. La RAE recoge el uso que los hablantes hacen de la lengua; no impone normas desde arriba. Una palabra entra en el diccionario cuando su uso está documentado y es suficientemente extendido, no porque los académicos la aprueben.
¿Se puede consultar el Diccionario de Autoridades hoy?
Sí. La RAE mantiene en su web una versión digitalizada del Diccionario de autoridades que puede consultarse libremente. Es una fuente de primer nivel para estudiar la historia del español y las humanidades en general.








