Ayer, día 25 de noviembre de 2009, apareció el hijo de 13 años con síndrome de Asperger desaparecido de la familia Hernández García en la ciudad de Nueva York. Llevaba once días desaparecido más tarde se ha sabido que era por temor a reprimendas por parte de sus padres, a los cuales habían llamado desde la escuela de Brooklyn, a la que acudía, para informar de que iba sin hacer los deberes.

Ha sobrevivido todos los días yendo de un sitio a otro por el sistema metropolitano de trenes, durmiendo sobre su mochila, usando los baños de las estaciones y comiendo patatas fritas y bebiendo agua.

¿Qué sabemos de este síndrome?

El síndrome de Asperger fue observado y descrito por Hans Asperger, médico austriaco, cuyo trabajo fue traducido en los años ochenta. Se trata de un trastorno profundo del desarrollo cerebral caracterizado por deficiencias en la interacción social y coordinación motora.

Un niño que presente esta enfermedad suele estar influenciado por muchos factores, incluido el factor genético (con cierta frecuencia es el padre), pero en la mayoría de los casos no hay una causa única identificable.

El diagnóstico preciso y seguro de este Síndrome debe ser  hecho por un especialista. Sin embargo entre los 2 y los 7 años los padres pueden observar en sus hijos una serie de características que le pueden indicar que su hijo puede presentar este Síndrome. Algunas pueden ser las siguientes:

–          Se relaciona mejor con los adultos que con sus iguales.

–          Quiere imponer sus reglas por eso que prefiera jugar solos y sus compañeros no quieran jugar con él.

–          Le cuesta salir de casa, incluso para ir al colegio.

–          No entiende la empatía.

–          Son nobles, poseen un gran corazón.

–          No suele mirarte a los ojos cuando te habla.

–          Habla mucho, en un tono alto y peculiar, y usa un lenguaje pedante, extremamente formal y con un extenso vocabulario.

–          En ocasiones parece estar ausente.

–          A menudo no comprende una crítica o un castigo.

–          Tiene una memoria excepcional para recordar datos y fechas.

–          Aprende a leer solo a una edad temprana.

–          Cuando algún tema en particular le fascina, ocupa la mayor parte de su tiempo libre.

–          Le gusta la rutina. No tolera los cambios imprevistos.

–          Posee una pobre coordinación motriz.

–          Le cuesta vestirse, abrocharse los botones o hacer un lazo con los cordones.

–          Muecas, espasmos o tics faciales inusuales.

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