“Un niño envuelto en pañales,

reclinado en un pesebre”:

esas eran las señales

que a los pastores advierte

una Ángel que los visita

en inhóspitos lugares,

para darles la misiva

en medio de sus afanes.

Llenos de gran alegría,

van corriendo hasta Belén,

donde encuentran a María

y al que acaba de nacer;

aquellas sencillas almas

son elegidas testigos,

que luego al mundo proclaman

el nacimiento del Niño.

¡Benditas almas confiadas

y bendita sencillez,

que fueron las señaladas

para darle a conocer!

José García Velázquez
(Segovia)

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