Los valores de La Cenicienta

Los cuentos ofrecen grandes valores educativos que hará que sea un recurso didáctico muy utilizado por padres y profesores. Pero los niños no deben verlo como un método de aprendizaje sino más bien como un método lúdico con el cual pasan un buen rato imaginando historias y descubriendo nuevos mundos de fantasía.

Con un cuento imaginarán cosas pero también encontrarán después de descubrirlo un momento de reflexión que les hará pensar sobre aquello que han leído/visto/oído y de este modo interiorizarán los valores que el cuento les haya querido transmitir, porque educar y divertir son las dos máximas de los cuentos clásicos y de hoy en día.  Por este motivo son un buen recurso educativo porque se trabaja la lectura, el vocabulario, la gramática, etc.

Los cuentos clásicos se han ido leyendo y pasando de generación a generación por lo que suelen estar cargados de valores fuertemente tradicionales, en este caso el cuento de La Cenicienta viene cargado de valores que por mucho tiempo que pase y la sociedad evolucione, siempre serán los mismos.

En este cuento encontrarás valores relacionados con la diversidad de clases, la humildad, la bondad, la astucia, la paciencia o el perdón. Pero también puedes encontrar la otra cara de la moneda con aspectos algo más negativos como el rencor, la envidia, el egoísmo, el egocentrismo, el abandono familiar y un largo etc.

cenicienta

El cuento de La Cenicienta cuenta las esperanzas de una chica que producen su angustia con una rivalidad fraterna a causa de dos hermanastras abusadoras y como la humilde chica tiene que luchar para poder ser feliz ya que sólo se le exige sin recibir nada a cambio. Se ven claramente como existen problemas fraternos que en ninguna familia se desea que existan.

Estos son algunos valores que transmite este cuento y que espero que disfrutes en compañía de tus hijos puesto que hay que mantener viva la tradición de leer y compartir los cuentos clásicos con los pequeños de la casa. ¡Espero que te guste esta versión corta del cuento!

Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas, una más fea que la otra. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta.

Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.

Tú Cenicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.

Así, llegó el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.

¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó-.

De pronto se le apareció su Hada Madrina.

No te preocupes -exclamó el Hada-. Tu también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta. Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.

La llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de baile, el Rey quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la noche. Sus hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella joven.

En medio de tanta felicidad Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.

¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.

Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída un zapato, que el Rey recogió asombrado.

Para encontrar a la bella joven, el Rey ideó un plan. Se casaría con aquella que pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el zapatito.

Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le entraba perfecto.

Y así sucedió que el Rey se casó con la joven y vivieron muy felices.

Fuente: encuentos.com

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Fotografía: magiadisney.es