Los hábitos, ¿tarea de los padres o de la escuela?

Un hábito es una costumbre o práctica adquirida por frecuencia de repetición de un acto, es decir, maneras de hacer constantes debido, sobre todo, a la repetición de unas mismas conductas progresivas. Por ejemplo, un niño adquires el hábtio de lavarse las manos antes de comer si en los otros contextos este comportamiento es repetido regularmente.

Aprendizajes y rutinas

El proceso de desarrollo del niño se construye a base de repeticiones en situaciones de aprendizaje, estas que precisan de un conocimiento, una actitud y luego los hábitos, facilitando así su adquisición y consolidación. De ahí la importancia de los ritmos y rutinas diarias, los periodos de actividad, juego y descanso.

En la escuela existen unas normas comunes (horarios, actividades) que no todos asimilan. Paralelamente a la acción escolar está la familiar; los niños que en casa no adquieren una constumbre, valores o normas de comportamiento previos a la escolarización, en el aula tampoco los llevan a la práctica.

Con respecto a la alimentación, si en clase un niño toma el desayuno en su sitio, se limpia la boca y recoge su mesa dejándola limpia, los padres deben saber que en casa puede ayudar a recoger la mesa o comer solos.

Desarrollo de pautas

  • ¿Qué hacer si un niño presenta conductas negativas a la hora de ordenar su clase? A veces, un niño está acostumbrado a unos límites flexibles en casa y esot lo traslada al colegio. Debemos enseñarle a ser ordenado porque es una norma a cumplir, y mientras no la cumpla no podrá disfrutar de los tiempos de juego o realizar una de sus tareas preferidas. Al tiempo que tenemos que conseguir que lo haga, después debe verbalizarlo, ya que es en ese momento cuando conseguimos que lo interiorice.
  • ¿Cómo conseguir que cambie el alumno al que le cuesta tomar su desayuno? Cada niño tendrá un semáforo con su nombre y foto, en el que el color verde es buen comportamiento o realización de las tareas (cara sonriente), el color rojo, incumplimiento (cara triste) y el amarillo ha sido costoso o se consiguió a medias. A cada color se le asocia una recompensa: cantar una canción con su nombre y se lleva la carita contenta a casa; o un no-premio (carita triste). En el caso que el niño haga algo excepcional, como comer un alimento nuevo que rechaza sin haber probado, se le condecorará con una medalla de papel (con un dibujo del alimento) y la podrá llevar a casa.

Familia y escuela favorecerán la creación y consolidación de hábitos básicos para la autonomía del alumno si establecemos una actuación conjunta y sistematizada. Es importante que los padres colaboren en esta línea con las directrices proporcionadas por el maestro, ya que esto ayuda al pequeño a estructurar sus esquemas mentales, al maestro a saber en qué medida y ámbitos está un niño habitudado, y a los padres a saber que hábitos básicos deber tener adquiridos.

Publicado: Revista “Profe: Educación Infantil. Nº 7”

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