Las fábulas existen desde tiempo inmemorial, han estado presentes siempre en la tradición oral de los pueblos de Europa de donde con el tiempo se trasladaron al Nuevo Mundo, es por ello que las mismas fábulas son conocidas en muchos lugares. En realidad, todos sabemos qué son las fábulas, pues las hemos escuchado durante la niñez. Son pequeño relatos con una moraleja que es un mensaje moralizador que se cuenta  niños, como una forma de enseñanza de valores.

Como la educación infantil requiere algunas estrategias para poder captar la atención del niño, es que las fábulas están conformadas por historias en donde los animales tienen voz y son los que viven situaciones y enfrentan las consecuencias de sus actos, como se supone que queremos advertir un niño. Excepcionalmente,  hay personajes humanos en las fábulas, como en ésta de una lechera demasiado animosa que da al traste con sus sueños.

La hija de un granjero llevaba un recipiente lleno de leche a vender al pueblo, y empezó a hacer planes futuros: – Cuando venda esta leche, compraré trescientos huevos. Los huevos, descartando los que no nazcan, me darán al menos doscientos pollos. Los pollos estarán listos para venderlos cuando los precios de ellos estén en lo más alto, de modo que para fin de año tendré suficiente dinero para comprar el mejor vestido para asistir a las fiestas. 

la lechera

Cuando esté en el baile todos los muchachos me pretenderán, y yo los valoraré uno a uno. Pero en ese momento tropezó con una piedra, cayendo junto con la vasija de leche al suelo, regando su contenido. Y así todos sus planes acabaron en un instante. La historia nos muestra que descuidarnos en sueños puede no llevarnos a lograr nuestros objetivos, que hay que fijar la voluntad y la atención en ellos, para los niños: quien mucho sueña logra poco.

Imagen: Vía

1 Comentario

  1. Como vemos en este relato a la lechera se le dio x hablar de más y no trabajar en el presente, es como un dicho popular que dice: “consuitrir castillos en el aire” … xD, es mejor pisar tierra e ir trabajando poco, lento pero seguro.

    La moraleja de este relato es que debemos aprender a ser paciente y nunca desesperarnos ante la desesperación

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