Cuentos de risa para leer sin prisa, el libro póstumo de Juan Muñoz

«Entonces, ¿qué sabes hacer? Yo sólo sé contar cuentos muy bonitos». Esta frase es de Juan Muñoz, el célebre autor de literatura infantil fallecido este año, que convirtió en lectores a generaciones y generaciones de niños y niñas de nuestro país con las aventuras de sus divertidos y entrañables personajes: Fray Perico y su borrico y El pirata Garrapata, series de la colección El Barco de Vapor de SM.

Y es su editorial madre, SM, la que reúne a un sinfín de disparatados personajes en una antología inédita de cuentos que llega este jueves 19 de octubre a librerías. Cuentos de risa para leer sin prisa, el libro póstumo de Juan Muñoz, presenta 25 cuentos de humor con personajes entrañables: desde dos garbanzos que viajan por el mundo hasta un príncipe feísimo que no consigue ligar. 

«Hay cuentos de corte clásico, cuyo comienzo respeta el “Érase una vez…”, en que príncipes o sastres viven aventuras; pero también cuentos de obras de arte, de marcianos, de gatos electrónicos y de científicos locos. Por haber, hay hasta un cuento chino», explica Carolina Pérez, editora de la colección El Barco de Vapor de SM, que ha editado a Muñoz en sus últimos años.

Escritor humilde con el humor como bandera

«Fui, soy y seré fan de estos personajes y de sus aventuras, por lo que recibí como un regalo la oportunidad de poder trabajar con él sus textos. Ha sido un honor editar a Juan y haber compartido tantos ratos tiernos y divertidos con él», cuenta su editora, que lo define como «escritor humilde y atemporal».

Pérez recuerda las ferias del libro con colas interminables de lectores junto a él y su hija Ninfa (siempre dispuesta a ayudar y bastón incansable de su padre). «Nos hemos quedado huérfanos, pero siempre nos quedará su legado para no olvidar que el humor es el motor de su obra, y también del mundo», remarca.

Libro como homenaje y reconocimiento

«Sus libros nos han enseñado que la lectura es, por encima de todo, para divertirse y disfrutar. Sirva este libro póstumo como homenaje y reconocimiento a uno de los grandes autores de El Barco de Vapor, una colección que estará vinculada para siempre con Fray Perico y el Pirata Garrapata», afirma Berta Márquez, gerente editorial de Literatura Infantil y Juvenil de SM.

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Su familia está feliz con esta publicación y su formato acolchado, que tanto le gustaba a su padre, porque era el de los Premios SM. «Este libro refleja la ternura de su mirada, con ese humor único que consigue que los niños, cuando se convierten en adultos, recuerden haberse reído y emocionado. Es una pena que no esté para leerlo él mismo y celebrarlo«, cuenta su hija, Ninfa Muñoz, que lo recuerda divertido regalándoles rimas a los niños con sus nombres.

El título Cuentos de risa para leer sin prisa lo puso el propio Juan inspirado por una conversación con una clase de un colegio en la que le preguntaron cómo se le ocurrían esos nombres de frailes y piratas tan graciosos: «Pues leyendo. Hay que leer y también hay que sentarse a escribir sin prisa. Yo ahora estoy recopilando y releyendo unos cuentos míos. Los leo y me entra la risa».

Antonio Tello, su fiel escudero a los lápices durante más de 40 años 

Cuentos de risa para leer sin prisa esconde algunos guiños en las ilustraciones de Antonio Tello, el fiel escudero de Juan Muñoz durante más de 40 años de trabajo conjunto y de amistad. Este ilustrador de literatura infantil, además de dibujar muchos clásicos de El Barco de Vapor, creó los dibujos que acompañan las aventuras del célebre Fray Perico y El Pirata Garrapata. Para Tello, tropezarse con sus personajes fue como «encontrar un punto de locura que casaba muy bien con mi forma de entender el humor». En la primera lectura no pensaba en dibujar: «El texto te atrapa y no paras de reír, después viene lo de poner imagen a los personajes y encontrar el lenguaje visual«. Cuando se juntaban para trabajar, la jornada se alargaba con la comida y la cena: «Recuerdo una noche en que nos persiguió hasta el ascensor de su casa con sus chascarrillos y estuvimos un buen rato dentro de él, sin parar de reír, hasta conseguir dar al botón de bajada», rememora

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