Cómo motivar a los hijos adolescentes para que hagan deporte

El 70 % de los adolescentes españoles no alcanza el mínimo de actividad física que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS): una hora diaria de ejercicio moderado o intenso. El porcentaje empeora conforme avanza la etapa: según el estudio PASOS 2022 de la Fundación Gasol, 7 de cada 10 chicas han abandonado el deporte al cumplir los 18 años. Y los efectos en la salud son concretos: peor calidad del sueño, mayor acumulación de grasa corporal, deterioro cardiometabólico y reducción del comportamiento prosocial.

Lo que no siempre resulta igual de claro es cómo ayudar a que un adolescente quiera moverse. Que a los 12 años corriera por el patio y que a los 16 le cueste levantarse del sofá no es pereza: es un patrón con causas concretas.

Por qué los adolescentes abandonan el deporte

El tránsito de Primaria a Secundaria (12-13 años) es uno de los momentos más delicados: alrededor del 6 % de los niños y el 13 % de las niñas dejan todos los deportes en esa franja, según datos del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona avalados por el Consejo Superior de Deportes. En las chicas el descenso más brusco llega entre los 16 y los 18 años.

Miguel Ángel Méndez, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y experto en educación físico-deportiva, señala que la falta de práctica en el entorno social y familiar es uno de los factores más determinantes. Cuando ni los amigos ni la familia hacen deporte, la motivación para mantener una rutina activa cae de forma natural. A eso se suma el sedentarismo digital: más horas de pantalla, transporte motorizado para trayectos cortos y reducción progresiva del tiempo libre no estructurado.

Cinco estrategias para que retome la actividad física

  1. Da ejemplo moviéndote con él. Las salidas en bicicleta o las caminatas en familia no tienen que ser largas para tener efecto. Lo que importa es la regularidad y que el adolescente vea que el ejercicio es parte natural de la semana, no un castigo ni una obligación puntual.
  2. Usa la tecnología como aliado. Smartwatches, apps de entrenamiento y retos de pasos diarios aprovechan algo que los adolescentes ya hacen: mirar el móvil. Monitorizar el ejercicio les da retroalimentación inmediata y les ayuda a fijar objetivos concretos, que es precisamente lo que les engancha.
  3. Propón metas alcanzables a corto plazo. La adolescencia es muy sensible al reto y al logro. Una meta como «llegar al refugio de montaña antes de que acabe el verano» o «hacer 20 flexiones seguidas antes de fin de mes» puede ser más motivadora que hablar de salud a largo plazo. Eso sí, cuando el reto no llega a la primera hay que acompañar la frustración, no minimizarla: aprender a lidiar con ella forma parte del proceso. Trabajar la tolerancia a la frustración desde casa facilita que no abandonen al primer tropiezo.
  4. Ajusta la oferta a sus horarios y gustos reales. Apuntarle a baloncesto si detesta los deportes de equipo, o a las 8 de la mañana si es nocturno por naturaleza, es una receta para el abandono. La actividad tiene que encajar en su vida, no al revés. La mayoría de municipios tienen piscinas, pistas y polideportivos con horarios amplios, así que el margen para encontrar algo que encaje existe.
  5. Valora la opción de un club deportivo federado. Los clubes tienen la ventaja de crear grupo, identidad y rutina. Entrenar con iguales aumenta la adherencia de forma notable, especialmente cuando hay sentido de pertenencia. Las federaciones deportivas suelen tener grupos de iniciación que no exigen nivel previo.
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Qué deportes encajan mejor con la adolescencia

No hay un deporte mejor que otro. Lo que importa es que se ajuste a la personalidad del adolescente:

  • Deportes de equipo (fútbol, baloncesto, voleibol): desarrollan comunicación, trabajo conjunto y sentido de pertenencia, tres cosas que los adolescentes valoran mucho.
  • Deportes individuales en entorno colectivo (natación, atletismo, tenis): permiten avanzar al propio ritmo y socializar en paralelo, sin la presión del resultado de equipo.
  • Actividades al aire libre (senderismo, ciclismo, kayak): combinan ejercicio con desconexión y contacto con la naturaleza, algo que los adolescentes con saturación digital suelen agradecer.
  • Fitness y baile (zumba, yoga, pilates, aeróbic): atractivos para quienes no se identifican con el deporte competitivo.
  • Actividades menos formales (patinaje, artes marciales no competitivas, juegos deportivos): reducen la presión del rendimiento y son más accesibles para quien tiene una mala experiencia previa con el deporte organizado.

La energía que se dedica a acompañar académicamente a un adolescente —orientación, seguimiento, ajuste de expectativas— sirve igual para acompañar su vida deportiva. Y si el rechazo al movimiento coincide con resistencia al estudio, es probable que los patrones de evitación sean los mismos: aquí puedes ver estrategias para motivar a adolescentes que no quieren estudiar que funcionan de forma complementaria.

Si el rechazo al ejercicio es muy persistente y viene acompañado de cansancio crónico, aislamiento o cambios de humor acusados, conviene consultar con el médico de cabecera. En algunos casos hay un componente físico o psicológico que merece evaluación profesional.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto ejercicio diario necesitan los adolescentes?

La OMS recomienda al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa para jóvenes de 5 a 17 años. Eso incluye actividades de fortalecimiento muscular y óseo al menos tres días por semana.

¿A qué edad es más habitual que abandonen el deporte?

El estudio PASOS 2022 y datos del Hospital Sant Joan de Déu apuntan a dos momentos críticos: el paso de Primaria a Secundaria (12-13 años) y, especialmente en chicas, la franja de 16 a 18 años, cuando 7 de cada 10 han dejado el deporte.

¿Cómo sé si mi hijo hace suficiente actividad física?

Una señal orientativa: si en un día normal no camina más de 15 minutos seguidos y pasa más de 8 horas sentado, es probable que no llegue al mínimo recomendado. Los relojes de actividad o el contador de pasos del móvil pueden dar una medida útil.

¿Qué hago si prueba varios deportes y los abandona todos?

Antes de forzar la continuidad, merece la pena hablar sobre qué ha fallado en cada caso: ¿el grupo? ¿El horario? ¿La exigencia? A veces la solución no es otro deporte sino actividad física sin estructura competitiva, como salir a correr o ir al gimnasio con autonomía.

¿Puede el deporte mejorar también el rendimiento académico?

Sí, y hay evidencia científica detrás. El ejercicio regular mejora la atención, la memoria de trabajo y el estado de ánimo. Un adolescente físicamente activo tiende a gestionar mejor el estrés de los exámenes y a dormir con más calidad, lo que repercute directamente en el estudio.

Fuente: UOC — Miguel Ángel Méndez, profesor colaborador de los Estudios de Ciencias de la Salud y del Máster Universitario de Alimentación en la Actividad Física y el Deporte (Universitat Oberta de Catalunya)