Cuando se acerca la evaluación, en muchas casas cambia el ambiente: se habla menos en la cena, las puertas se cierran más y cualquier comentario sobre notas cae mal. Es la época de exámenes, y para buena parte de los adolescentes viene acompañada de una tensión que la familia nota antes incluso que el propio chico o chica.

Qué le pasa realmente a tu hijo
Ponerse nervioso antes de un examen es una respuesta normal del cuerpo, sube el cortisol, se acelera el pulso y cuesta pensar en otra cosa. El problema no es que tu hijo esté nervioso, sino que ese nerviosismo le bloquee, le quite el sueño o le haga evitar el estudio por puro agobio. Como madre o padre, tu papel no es eliminar la presión de los exámenes, porque eso no está en tu mano, sino ayudarle a que no le desborde.
Señales de que el estrés se le está yendo de las manos
Hay pistas que conviene vigilar: dificultad para dormir varias noches seguidas, dolores de tripa o cabeza sin causa médica, irritabilidad fuera de lo habitual, evitar sentarse a estudiar aunque el tiempo apremia, o llorar con facilidad ante cualquier comentario relacionado con el instituto. Una o dos de estas señales de forma puntual son parte del proceso. Si se repiten a diario durante semanas y afectan a su vida fuera de los exámenes, ya no hablamos de nervios normales.
Qué puedes hacer tú
Habla con él sin interrogarle
No hace falta sentarse a tener «la conversación». Suele funcionar mejor preguntar de pasada, en el coche o mientras cenáis, y dejar que sea él quien decida cuánto contar. Evita minimizar lo que siente con frases como «eso no es para tanto»: para él sí lo es. Y evita también el extremo contrario, dramatizar cada suspenso como si fuera el fin del mundo.
Ayúdale a organizarse, no a que memorice más rápido
Buena parte de la ansiedad de última hora viene de haber dejado todo para el final. Un calendario sencillo con lo que toca repasar cada día, aunque sea en un papel pegado a la nevera, reduce mucho la sensación de descontrol. Si quieres entrar en detalle sobre qué técnicas de estudio funcionan realmente, merece la pena que lo miréis juntos antes de que empiece la semana de exámenes, no el día antes.
Cuida lo básico: sueño, comida y descansos
La Asociación Española de Pediatría recomienda entre 8 y 10 horas de sueño para adolescentes, y es precisamente lo primero que se sacrifica en época de exámenes. Trasnochar para repasar suele salir caro al día siguiente: la memoria se consolida durmiendo, no seguir despierto a las dos de la madrugada. Vigila también que no se salte comidas y que haga algún descanso activo, salir a andar o mover el cuerpo veinte minutos baja el cortisol más que quedarse pegado al móvil en la pausa.
El día del examen
Un desayuno normal, salir con margen para no correr y, si tienes ocasión, no convertir el trayecto en un último repaso a voces. Si se queda en blanco con una pregunta, la recomendación de siempre sigue funcionando: pasar a la siguiente y volver después. Y cuando salga, mejor no recibirle con «¿qué tal?» antes de que cruce la puerta.
Lo que conviene evitar
Comparar sus notas con las de un hermano o un compañero no ayuda, solo añade presión donde ya la hay. Tampoco sirve prometer premios desproporcionados por aprobar ni amenazar con castigos si suspende, porque desplaza el foco del aprendizaje al miedo a la consecuencia. Y ojo con las discusiones familiares en plena semana de exámenes: si puedes aparcarlas para después, aparcarlas.
Cuándo pedir ayuda profesional
El DSM-5 distingue el nerviosismo puntual ante una prueba de lo que sería un trastorno de ansiedad, que se caracteriza por síntomas persistentes, no limitados a los días de examen, que interfieren en la vida diaria. Si notas que tu hijo tiene ataques de pánico, evita ir a clase por miedo al examen, ha perdido peso de forma notable o el malestar dura semanas después de acabar el curso, consulta con el pediatra o pide valoración de un psicólogo infantojuvenil. Un profesional puede darle herramientas de manejo de la ansiedad que van más allá de lo que se puede resolver en casa, y detectar a tiempo si hay algo más de fondo, como recoge la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) en sus guías sobre salud mental adolescente.
Si el origen del malestar tiene más que ver con el uso del móvil y las redes que con los exámenes en sí, puede interesarte también lo que explica el psicólogo Jonathan Haidt sobre ansiedad adolescente y pantallas, porque muchas veces ambos factores se retroalimentan.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que mi hijo no duerma la noche antes de un examen?
Una noche puntual de insomnio por nervios es habitual y no debería preocuparte. Si se repite antes de cada examen durante meses, merece la pena hablarlo con el pediatra.
¿Debo dejar que se salte el instituto si tiene mucha ansiedad?
Evitar la situación suele reforzar el miedo a largo plazo. Es mejor buscar apoyo, ya sea del tutor o de un profesional, que normalizar la evitación como solución.
¿Cómo le ayudo si se queda en blanco durante el examen?
Antes del examen, practica con él la técnica de pasar la pregunta y volver después. Respirar hondo tres veces antes de empezar también reduce el bloqueo inicial.
¿Qué hago si mi hijo saca peores notas de lo esperado?
Reconoce el esfuerzo antes que el resultado y revisad juntos qué falló, sin buscar culpables. Puede ayudaros repasar cómo trabajar el miedo a los exámenes o ajustar el método con estas pautas para preparar un examen sin estrés.
¿Cuándo es momento de pedir ayuda de un psicólogo?
Si la ansiedad persiste fuera de los periodos de examen, interfiere en su vida social o duerme mal de forma habitual, es momento de consultar con el pediatra o un psicólogo infantojuvenil.









