Los emojis han pasado de ser simples adornos visuales a convertirse en una herramienta de comunicación sofisticada entre adolescentes. Pero detrás de ese lenguaje aparentemente inocente se esconde un sistema simbólico que está generando alertas entre educadores, fuerzas del orden y expertos en ciberseguridad: los jóvenes están utilizando estos iconos para ocultar mensajes relacionados con sexo, drogas, violencia o ideologías extremistas.
Una nueva “tabla de emojis” —desarrollada por la organización británica For Working Parents— busca arrojar luz sobre este fenómeno. Ya se está utilizando en escuelas del Reino Unido y por cuerpos policiales como herramienta de detección temprana de conductas de riesgo en menores. El objetivo: descifrar un lenguaje cifrado que los adultos, muchas veces, no logran comprender.
🧩 Un diccionario emocional (y codificado)
La tabla, creada a partir de miles de interacciones en redes sociales, clasifica los emojis según los temas con los que se suelen asociar en conversaciones adolescentes:
- 🍆 y 🍑: habitualmente utilizados como insinuaciones sexuales.
- 💊, 🍁 o 🔥: vinculados al consumo de drogas o su tráfico.
- 🔫, 💣 y 💀: asociados a violencia, amenazas o incluso autolesiones y suicidio.
- 🐸, 🐍 o 🕳️: símbolos empleados dentro de subculturas extremas, como el movimiento incel o foros misóginos.
La finalidad no es criminalizar su uso, sino ofrecer un punto de partida para padres, docentes y responsables de menores que deseen comprender mejor el entorno digital en el que se mueven sus hijos.
🔍 Un nuevo campo para la ciberprevención
Este lenguaje simbólico plantea desafíos importantes desde el punto de vista de la cibereducación y la prevención de delitos digitales. El uso estratégico de emojis permite que mensajes altamente sensibles pasen desapercibidos en controles parentales, plataformas automatizadas y moderación de contenido.
Para los adolescentes, es una forma de mantener la privacidad frente a los adultos. Pero para los expertos en seguridad, representa una nueva superficie de ataque: allí donde antes se usaban palabras clave o hashtags, ahora se camuflan mensajes a través de una sonrisa, un animal o una verdura.
🧨 Ideologías tóxicas y cultura incel
Uno de los aspectos más preocupantes que revela esta tabla es la conexión entre emojis y la cultura incel. Lo que comenzó como un grupo marginal de hombres que se declaraban «célibes involuntarios», ha evolucionado en algunos casos hacia redes de misoginia explícita, radicalización y celebración de la violencia contra las mujeres.
Los emojis, en este contexto, se utilizan como códigos de pertenencia, marcadores simbólicos que permiten a los miembros reconocerse entre sí y compartir mensajes sin llamar la atención de moderadores o familiares.
📺 El espejo de la ficción: de la pantalla al aula
La reciente serie británica Adolescence, disponible en Netflix, ha popularizado esta problemática mostrando cómo un adolescente con una vida aparentemente normal usaba emojis en mensajes encriptados relacionados con actos de violencia. La serie ha servido de catalizador para que muchos padres y centros escolares comiencen a tomarse en serio este fenómeno.
🛡 ¿Qué pueden hacer las familias y los educadores?
Desde la perspectiva tecnológica y pedagógica, la respuesta no debe ser el control absoluto, sino la educación crítica y la comunicación constante. Aquí algunas recomendaciones:
- Fomentar la alfabetización digital desde edades tempranas.
- Crear entornos seguros para el diálogo, donde los menores puedan expresar sus inquietudes.
- Colaborar con los centros escolares y participar en formaciones sobre ciberseguridad adolescente.
- Utilizar herramientas de monitorización ética para ayudar a identificar patrones de riesgo sin vulnerar la privacidad.
⚠️ Un lenguaje en evolución constante
Los emojis no son peligrosos por sí mismos. Pero como ocurre con cualquier lenguaje, su significado depende del contexto. En manos de una generación que domina lo visual, estos símbolos se convierten en herramientas poderosas para expresar, ocultar y construir identidad digital.
Por ello, la vigilancia no debe centrarse únicamente en el símbolo, sino en lo que representa dentro de una conversación más amplia. Entender este universo simbólico —sin caer en la paranoia— es esencial para acompañar a los menores en su desarrollo digital de forma segura y responsable.