La mayoría de estudiantes dedica horas a releer apuntes y a subrayar, dos técnicas que la investigación en psicología cognitiva califica como poco eficaces. Un metaanálisis publicado por Dunlosky et al. en Psychological Science in the Public Interest (2013) evaluó diez técnicas de estudio habituales y concluyó que la relectura y el subrayado tienen una utilidad baja, mientras que otras dos —la práctica de recuperación y la repetición espaciada— tienen utilidad alta y funcionan en prácticamente cualquier materia y nivel educativo.
Esto no significa que subrayar sea inservible, sino que no basta como única técnica. La cuestión es combinar las que tienen más base científica con hábitos de organización que hagan sostenible el estudio a lo largo del curso.
Recuperación activa: la técnica que más funciona

La recuperación activa consiste en intentar recordar la información sin mirar los apuntes, no en volver a leerlos. Roediger y Karpicke demostraron en 2006 (revista Science) que los estudiantes que practicaban la recuperación de lo aprendido retenían un 50% más de información tras una semana que los que dedícaban ese mismo tiempo a releer el material.
En la práctica se aplica así: cuando terminas de estudiar un tema, cierra el libro y escribe de memoria todo lo que recuerdas. Después comprueba qué faltaba o estaba mal. Esas lagunas son exactamente lo que tienes que repasar. Las tarjetas de memoria (flashcards), las preguntas de examen anteriores y los cuestionarios de autoevaluación son formatos concretos de recuperación activa. Las útiles aplicaciones de flashcards como Anki aplican este principio automáticamente.
Repetición espaciada: estudiar menos pero mejor distribuido
La curva del olvido de Ebbinghaus, descrita en 1885 y confirmada por multitud de estudios posteriores, muestra que olvidamos el 70% de lo aprendido en 24 horas si no repasamos. La solución no es estudiar más horas seguidas, sino distribuir los repasos en el tiempo antes de que el olvido se complete.
Un esquema sencillo: repasa el tema el mismo día que lo estudias, vuelve a repasarlo al día siguiente, después en una semana y finalmente en un mes. Cada repaso reinicia el contador del olvido con menor esfuerzo que el estudio inicial. Esta distribución lleva al mismo resultado que estudiar el doble de horas pero agolpadas la noche antes del examen, con la diferencia de que el recuerdo dura semanas en lugar de días. Puedes ver más sobre cómo aplicar este principio en el apartado de técnicas de memorización efectivas.
Intercalado: no estudies la misma materia horas seguidas
El intercalado (interleaving) consiste en mezclar el estudio de varias materias o temas dentro de la misma sesión en lugar de dedicar bloques de varias horas a una sola. Parece contraintuitivo, porque subjetivamente da la sensación de que aprendes menos. Pero los estudios muestran que en los exámenes los resultados son mejores cuando se intercaló el estudio que cuando se hizo en bloques homogéneos.
La explicación: cambiar de tema obliga al cerebro a recuperar activamente el contexto de lo que estudiaba antes, lo que refuerza la memoria a largo plazo. Una sesión de dos horas en la que alternas Matemáticas, Historia y Lengua cada 30-40 minutos suele dar mejores resultados que dos horas de Matemáticas seguidas.
La técnica Pomodoro para mantener la concentración

La técnica Pomodoro divide la sesión de estudio en bloques de 25 minutos de trabajo concentrado seguidos de 5 minutos de descanso. Cada cuatro bloques se toma un descanso más largo de 15-20 minutos. Francesco Cirillo la formalizó en los años ochenta, y su eficacia descansa en un principio bien documentado: la atención sostenida decae de forma significativa a partir de los 20-30 minutos sin interrupciones.
En la práctica, para que funcione hay que respetar las dos partes: los 25 minutos sin móvil ni notificaciones, y los 5 minutos de descanso real (alejarse del escritorio, no mirar redes sociales). Si durante un bloque surge una distracción o una idea nueva, apúntala en un papel y sigues con la tarea. Eso vacía la memoria de trabajo sin perder el hilo de lo que estabas haciendo.
Organización: lo que sí marca la diferencia
Planificar el estudio no es lo mismo que hacer un horario bonito. Lo que funciona es tener claro cuántos temas quedan, cuándo está el examen y cuántos días efectivos de repaso hay entre medias. Con esos datos se distribuye el material y se dejan los últimos dos o tres días para repasos de recuperación activa, no para estudiar material nuevo.
El método Cornell para tomar apuntes ayuda a integrar la organización con el estudio activo: la hoja se divide en tres zonas (margen izquierdo para preguntas clave, zona principal para el contenido, banda inferior para el resumen). Al repasar, tapas la zona principal e intentas responder tus propias preguntas del margen. Es una forma de recuperación activa disfrazada de toma de apuntes. Y si buscas practicar problemas de asignaturas con solución, los solucionarios usados correctamente son un complemento útil que muchos alumnos infrautilizan.
El error más frecuente: confundir familiaridad con aprendizaje

Cuando relees un texto varias veces, te va sonando. Esa sensación de familiaridad se confunde con aprendizaje, pero no es lo mismo. La familiaridad es reconocer algo cuando lo ves; el aprendizaje es poder recuperarlo cuando no lo ves. Para los exámenes necesitas lo segundo.
Por eso el subrayado y la relectura son útiles solo si van seguidos de recuperación activa. Subraya lo importante, cierra el libro e intenta recordarlo. Esa combinación sí funciona. Subrayar con colores sin recuperar después es trabajo de aspecto de estudio, no estudio real. Para quienes trabajan en equipo o hacen proyectos de investigación, estas mismas técnicas se pueden adaptar al trabajo colaborativo con excelentes resultados.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo debo estudiar cada día?
No hay una cantidad fija. Depende del volumen de materia, el tiempo hasta los exámenes y cómo distribuyas los repasos. Dos horas de estudio activo con recuperación y repetición espaciada suelen ser más efectivas que cuatro horas de relectura pasiva. La regularidad diaria importa más que las horas acumuladas en vísperas de examen.
¿Qué técnica es mejor para memorizar fórmulas o fechas?
La combinación de mnemotecnias con repetición espaciada. Las mnemotecnias (acrónimos, historias, vínculos visuales) te ayudan a fijar el dato inicialmente; la repetición espaciada lo consolida en la memoria a largo plazo. Para fórmulas matemáticas o químicas, practicar su aplicación en ejercicios (recuperación activa) suele funcionar mejor que memorizarlas de forma abstracta.
¿Puedo escuchar música mientras estudio?
Depende del tipo de tarea. Para tareas mecánicas (resolver ejercicios repetitivos, repasar flashcards) la música instrumental a volumen bajo no perjudica. Para leer textos complejos o redactar, la música con letra reduce la comprensión de forma medible. Si sueles escuchar música y tus resultados son buenos, no hace falta que lo cambies; si tienes dificultades para concentrarte, prueba en silencio una semana.
¿Por qué me cuesta más estudiar ciertas asignaturas?
Hay varias razones posibles: conocimiento previo insuficiente (no tienes la base para entender lo nuevo), metodología inadecuada (la técnica que usas no se adapta bien a esa materia), o simplemente que no te motiva. En los dos primeros casos, cambiar la técnica o reforzar los conceptos previos suele ayudar. Si es falta de motivación, conectar la asignatura con algo que sí te interese o con un objetivo concreto puede hacer que se lleve mejor.
¿Sirven los resumégenes que venden en internet para preparar exámenes?
Pueden ser útiles como punto de partida, pero hacer tú mismo el resumen tiene más valor cognitivo que leer el de otro. El proceso de sintetizar obliga a procesar activamente la información. Si usas resúmenes externos, aplica sobre ellos recuperación activa: cierra el resumen e intenta reconstruirlo de memoria. Eso sí aumenta la retención.









