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Entradas Etiquetadas con ‘rey’

13
Mar
2010

Teatro: El pueblo que quería sonreír

Escrito por Veronica Labrador en Cuentos infantiles, Educación Primaria

Relator: -Había un pueblo que tenía grandes riquezas ya que hasta los niños trabajaban. Sin embargo, a pesar del bienestar, la gente del pueblo jamás sonreía. El rey caminó por el pueblo y después de observar le dijo a su consejero:

Rey: -Hoy estuve por el pueblo y no vi a la gente sonreír.¿Por qué crees que eso sucede?

Consejero: -La gente trabaja mucho y no tiene tiempo en familia…

Rey: -Pero si el trabajo es recompensado, ¿cómo puede ser que estén siempre tristes?

Consejero: -¿Usted vio algún niño o niña jugando en las plazas?

Rey: -No, cada uno en sus puestos de trabajo.

Consejero: -Hasta los niños deben trabajar junto con sus padres para terminar las tareas que usted dispuso.

Rey: -La única manera de tener un gran pueblo es trabajando de sol a sol.

Consejero: -La gente debe descansar y los niños no deben trabajar.

Rey: –Excusas… la grandeza de un pueblo se demuestra por sus obras.

Consejero: -Si solo dejara un tiempo de descanso para que las familias se reencuentren, todo sería distinto.

Relator: -El rey no quiso escuchar razones, después de un tiempo, comenzó a tener terribles sueños y preocupado llamó al consejero.

Rey: -Mi gran sabio, tengo sueños que me atormentan y me despierto con gran angustia.

Consejero: -Lo escucho, mi señor. leer más

13
Mar
2010

Cuento – El granjero bondadoso

Escrito por elena en Cuentos infantiles, Educación Infantil

Un anciano rey tuvo que huir de su país asolado por la guerra. Sin escolta alguna, cansado y hambriento, llegó a una granja solitaria, en medio del país enemigo, donde solicitó asilo. A pesar de su aspecto andrajoso y sucio, el granjero se lo concedió de la mejor gana. No contento con ofrecer una opípara cena al caminante, le proporcionó un baño y ropa limpia, además de una confortable habitación para pasar la noche.

Y sucedió que, en medio de la oscuridad, el granjero escuchó una plegaria musitada en la habitación del desconocido y pudo distinguir sus palabras:

-Gracias, Señor, porque has dado a este pobre rey destronado el consuelo de hallar refugio. Te ruego ampares a este caritativo granjero y haz que no sea perseguido por haberme ayudado.

El generoso granjero preparó un espléndido desayuno para su huésped y cuando éste se marchaba, hasta le entregó una bolsa con monedas de oro para sus gastos.

Profundamente emocionado por tanta generosidad, el anciano monarca se prometió recompensar al hombre si algún día recobraba el trono. Algunos meses después estaba de nuevo en su palacio y entonces hizo llamar al caritativo la-briego, al que concedió un título de nobleza y colmó de honores. Además, fiando en la nobleza de sus sentimientos, le consultó en todos los asuntos delicados del reino.

16
May
2009

Cuento – Los cisnes salvajes

Escrito por elena en Cuentos infantiles, Educación Infantil

Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe.

Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.

“Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre”, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes.

La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.

-¡Fuera de aquí! -gritó-.

No los quiero volver a ver nunca más.

Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza.

La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.

-Olvídate de esos ingratos -dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.

Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.

-Ven, preciosa -le dijo-. Debes prepararte para saludar a tu padre.

Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:

-Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea.

Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina.

Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello.

Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.

-¡Esta no es mi hija! -exclamó el rey.

-¡Padre, soy yo, Elisa! -replicó la muchacha.

-Es una pordiosera que sólo quiere tu dinero -dijo la bruja.

-¡Llévensela! -ordenó el rey.

Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello.

En ese momento, una vieja mujer se le acercó.

-¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? -preguntó Elisa, esperanzada.

-No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza -respondió la anciana-. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.

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20
Oct
2008

Cuento – El rey, el mar y el delfín

Escrito por elena en Cuentos infantiles, Educación Infantil

Érase una vez un hombre que vivía muy lejos del mar y soñaba con la inmensidad.

Había días felices, con paseos por el jardín y muchas risas.

Entonces los amigos de este hombre solían decir:

-Míralo cómo se ríe, míralo qué contento está, se está acordando del mar.

Y había días tristes, de melancolía, de pena:

Míralo qué triste está, mira cómo se pierde su mirada, se está acordando del mar -solían decir.

Cierto día llegó a palacio un duende porque este hombre era un rey y le dijo:

Señor, si dejaras de soñar terminaría tu tristeza.

-Pero tengo miedo de que termine también mi alegría -repuso el rey.

-¿Por qué no emprendes un viaje, alteza, y ves el mar? -preguntó el duende.

El rey lo pensó dos veces, luego cepilló la crin de su caballo, ensilló, montó y se perdió detrás de los montes Urivales, que eran los montes de aquel reino.

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15
Oct
2008

Cuento – El rey búho

Escrito por elena en Cuentos infantiles, Educación Infantil

Hace mucho tiempo, los pájaros eran mucho más sabios que los hombres y no necesitaban que los gobernasen ni reyes ni ministros. Ni siquiera el Consejo de Pájaros se preocupaba de promulgar leyes y, durante las reuniones, se contaban una historia tras otra y hablaban de quien había nacido, de quien había muerto o de los pajarillos que se habían quedado huérfanos. Se preocupaban de cosas mucho más importantes que de ordenes o prohibiciones. Los pájaros vivían bajo la sabia ley del amor y la amistad. No conocían ni el odio ni la ira. Pero, un día , un hombre malvado llego a su reino. Miro a su alrededor y sintió envidia de la felicidad de los pájaros.

-¿ Por que no te pones a la cabeza de los demás? -preguntó al pavo-. Eres sin duda el más bello. El pavo se sintió muy halagado.

-¿ Porque eres amigo de la humilde codorniz? -preguntó el hombre al águila-. ¡Con lo noble y fuerte que tú eres! ¡Bajando en picado desde lo alto, conseguirías abrirle la cabeza con tu fuerte pico!

Entonces el águila se inflo tanto de orgullo que agarro el nido de la codorniz con sus afiladas garras y lo destruyo. Así, poco a poco, pero con éxito, aquel hombre malvado fue esparciendo la semilla de la discordia entre los pájaros.

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