“Un niño envuelto en pañales,
reclinado en un pesebre”:
esas eran las señales
que a los pastores advierte
una Ángel que los visita
en inhóspitos lugares,
para darles la misiva
en medio de sus afanes.
Llenos de gran alegría,
van corriendo hasta Belén,
donde encuentran a María
y al que acaba de nacer;
aquellas sencillas almas
son elegidas testigos,
que luego al mundo proclaman
el nacimiento del Niño.
¡Benditas almas confiadas
y bendita sencillez,
que fueron las señaladas
para darle a conocer!
José García Velázquez
(Segovia)
Nunca llegan al portal
las figuras del belén.
Los pastores se han quedado
sin las piernas por correr.
No encuentran los Reyes Magos
la estrellita de papel.
Los camellos en el musgo
ya no se pueden mover.
El río de plata sigue
desembocando al revés.
La lavandera del lago
nunca acaba de tender.
Herodes hoy ha encendido
las mismas luces de ayer.
En las montañas la nieve
no se puede deshacer.
La Virgen está esperando
y esperando San José
La comadrona no llega
y ya empieza a anochecer.
El pastor tampoco viene
con la hierba para el buey.
Los hombres no llegan nunca
a la cueva de Belén.
La Virgen está esperando
y el Niño Jesús también.
Victor Manuel Arbeloa