Adivinanza – No ves
No ves el sol,
no ves la luna,
y si está en el cielo
no ves cosa alguna.
No ves el sol,
no ves la luna,
y si está en el cielo
no ves cosa alguna.
¿Qué busca por esta calle,
sol de la tarde?
Solecito de las cinco,
por la calleja moruna,
las enredaderas tienen,
Color de verde acituna.
¿Qué buscas por esta calle,
sol de la tarde?
- Busco un anillo de plata,
que perdió anoche la luna.
(José M. Pemán)
El sol quería bañarse
porque tenía calor.
Llevaba el calor por dentro
la luna se lo advirtió;
pero el sol no le hizo caso
ni siquiera la escuchó.
Y hacia el caer la tarde
se tiró al mar y se ahogó.
Al ver que se ahogaba el pobre,
el cielo se oscureció.
Las estrellas lloraban
lágrimas de compasión
(Salvador de Madariaga)
Una noche el cielo estaba muy oscuro, de ese negro que solo está cuando la luna brilla por su ausencia. De las chimeneas salían nubes de humo que llegaban muy alto, se sorprendieron de no ver ninguna luz por allí arriba, pero poco a poco y sin que nadie se diera cuenta se fue disolviendo en el aire.
Las estrellitas se preguntaban unas a otras dónde estaría la dama de la noche, los barcos en el mar intentaban encontrarla en sus latitudes, pero por ningún lado había un rayito de ella.
Desde el otro lado del mundo se oía una voz cantando:
Tiii-tiraaa-tiruriii-titaaaaaaa….
Y entre dos palmeras muy divertidas que bailaban con el viento se encontraba la luna, chapoteando en el mar, como una niñita pequeña, eso sí, tenía unos enooormes anteojos de sol, estaba muy divertida porque no tenía que brillar por todos lados. Trajo consigo una valijita con algunas cosas, sus distintas caras, la menguante, la creciente, la nueva y la llena, también trajo algunas estrellitas vecinas que se negaban a salir de la oscuridad de la maleta, algunos polvos del cielo que usaba para resaltar más su linda blancura.
Después de un buen rato la luna empezó a enrojecerse, su piel que siempre fue tán blanca le ardía bastante, no se había puesto ningún protector solar, porque no existía ninguno para una luna tan grandota.
El sol, los delfínes que pasaban y todos los habitantes marinos se tapaban la risita, pero sin poderse contener al final.
¡AAAYYYY….. cómo me pica! ¡Cómo me piiiicaaaa!, estoy toda roja, ¡que raro es!, se quejaba la luna.
El sol estaba riéndose bastante y empezó hablarle a la luna:
Jo-Jo-Jo-Jo…. qué risa, una luna roja, ¿¡y ahora cómo vas a dar luz!?, vas a dar una luz bien roja, y en realidad nadie va a encontrar más sus caminos, ni se formaran más caminos de luz de luna en el mar… terminó de decir el SOL un poco triste.
Y ahora ¿qué puedo hacer?, ¿Cómo haré para volver a ser blanca y hermosa?, decía aflijida la luna.
Este cuento habla sobre el origen del universo, un cuento nigeriano que explica los principales elementos de nuestro planeta de forma sencilla para los niños.
Hace mucho tiempo, el Sol y la Luna se conocieron y se casaron. Construyeron una casa hermosa en tierra seca y comenzaron su vida juntos. Después de algunos meses decidieron invitar a su amigo el Océano a su casa. “Son muy amables por pensar en mí,” dijo el Océano, “Pero me temo que no podré aceptar su oferta.” “Lo sabía,” dijo la Luna, “Usted ya no nos quiere.” El océano respondió “Claro que sí pero pienso que no cabría en su casa.” El Sol pensó que esto significaba que el Océano pensaba que su casa no era lo suficientemente grandiosa. “Por supuesto que no es eso lo que pienso” respondió el Oceano, “Estoy seguro que su casa es igual de brillante que ustedes, pero – “. “Entonces pase por favor,” dijo la Luna al mismo tiempo que abría las puertas de par en par. La casa era muy grande y se extendía hasta donde la vista alcanzaba. El Océano se filtró tímidamente a través del umbral. “Pase, pase, hay suficiente lugar para usted, ” dijo el Sol mientras reía. Entonces, el Océano comenzó a fluir hacia adentro más rápidamente.
Salimos cuando anochece,
nos vamos si canta el gallo,
y hay quien dice que nos ve
cuando le pisan un callo.