Un día que el agua se encontraba en su elemento, es decir, en el soberbio mar sintió el caprichoso deseo de subir al cielo. Entonces se dirigió al fuego:
-Podrías tú ayudarme a subir mas, alto?
El fuego aceptó y con su calor, la volvió más ligera que el aire, transfor-mándola en sutil vapor.
El vapor subió más y más en el cielo, voló muy alto, hasta los estratos más ligeros y fríos del aire, donde ya el fuego no podía seguirlo. Entonces las partículas de vapor, ateridas de frío, se vieron obligadas a juntarse apretadamente, volviéndose más pesados que el aire y ca-yendo en forma de lluvia. Habían subido al cielo Invadidas de soberbia y fueron inmediatamente puestas en fuga. La tierra sedienta absorbió la lluvia y, de esta forma, el agua estuvo durante mucho tiempo prisionera del suelo y purgó su pecado con una larga penitencia.
Jueves, 11 Septiembre 2008
Más que un cuento, esta es una historia breve que explica de forma muy rápida y sencilla la importancia que tiene el agua en la vida de las plantas y en también en la nuestra, la de los humanos.
En un bosque, en medio de una vegetación exuberante, vivía un árbol muy frondoso. El sol, que salía todos los días con más esplendor, observaba como el árbol envejecía. Una nube, al verlo tan desganado, le preguntó el por qué de su tristeza. El árbol respondió:
-Estoy triste porque las ardillas ya no comen de mi fruto, las aves no hacen nidos en mis ramas y mis hojas están cayendo.
La nube, preocupada por su amigo, le propuso:
-Si quieres voy a buscar a mis demás amigas y juntas te traeremos el agua de la juventud.
El árbol aceptó. Las esperó días enteros, pero las nubes no llegaron. Agonizó, y como todos los árboles murió de pie.
Cuando las nubes llegaron, pensaron que ya era muy tarde. Las nubes lloraron y lloraron por la suerte de su amigo. De pronto empezaron a nacer nuevos árboles.
Las nubes lloran vida, y es a este llanto, al que llamamos lluvia.