May
2009
Cuento – Hansel y Gretel
Escrito por elena en Cuentos infantiles, Educación Infantil
Allá a lo lejos, en una choza próxima al bosque vivÃa un leñador con su esposa y sus dos hijos: Hansel y Gretel. El hombre era muy pobre. Tanto, que aún en las épocas en que ganaba más dinero apenas si alcanzaba para comer. Pero un buen dÃa no les quedó ni una moneda para comprar comida ni un poquito de harina para hacer pan. “Nuestros hijos morirán de hambre”, se lamentó el pobre esa noche. “Solo hay un remedio -dijo la mamá llorando-. Tenemos que dejarlos en el bosque, cerca del palacio del rey. Alguna persona de la corte los recogerá y cuidará”. Hansel y Gretel, que no se habÃan podido dormir de hambre, oyeron la conversación. Gretel se echó a llorar, pero Hansel la consoló asÃ: “No temas. Tengo un plan para encontrar el camino de regreso. Prefiero pasar hambre aquà a vivir con lujos entre desconocidos”. Al dÃa siguiente la mamá los despertó temprano. “Tenemos que ir al bosque a buscar frutas y huevos -les dijo-; de lo contrario, no tendremos que comer”. Hansel, que habÃa encontrado un trozo de pan duro en un rincón, se quedó un poco atrás para ir sembrando trocitos por el camino.
Cuando llegaron a un claro próximo al palacio, la mamá les pidió a los niños que descansaran mientras ella y su esposo buscaban algo para comer. Los muchachitos no tardaron en quedarse dormidos, pues habÃan madrugado y caminado mucho, y aprovechando eso, sus padres los dejaron. Los pobres niños estaban tan cansados y débiles que durmieron sin parar hasta el dÃa siguiente, mientras los ángeles de la guarda velaban su sueño. Al despertar, lo primero que hizo Hansel fue buscar los trozos de pan para recorrer el camino de regreso; pero no pudo encontrar ni uno: los pájaros se los habÃan comido. Tanto buscar y buscar se fueron alejando del claro, y por fin comprendieron que estaban perdidos del todo. Anduvieron y anduvieron hasta que llegaron a otro claro. ¿A que no sabéis que vieron allÃ? Pues una casita toda hecha de galletitas y caramelos. Los pobres chicos, que estaban muertos de hambre, corrieron a arrancar trozos de cerca y de persianas, pero en ese momento apareció una anciana.
Con una sonrisa muy amable los invitó a pasar y les ofreció una espléndida comida. Hansel y Gretel comieron hasta hartarse. Luego la viejecita les preparó la cama y los arropó cariñosamente. Pero esa anciana que parecÃa tan buena era una bruja que querÃa hacerlos trabajar. Gretel tenÃa que cocinar y hacer toda la limpieza. Para Hansel la bruja tenÃa otros planes: ¡querÃa que tirara de su carro! Pero el niño estaba demasiado flaco y debilucho para semejante tarea, asà que decidió encerrarlo en una jaula hasta que engordara. ¡Gretel no podÃa escapar y dejar a su hermanito encerrado!
Entretanto, el niño recibÃa tanta comida que, aunque habÃa pasado siempre mucha hambre, no podÃa terminar todo lo que le llevaba. Como la bruja no veÃa más allá de su nariz, cuando se acercaba a la jaula de Hansel le pedÃa que sacara un dedo para saber si estaba engordando. Hansel ya se habÃa dado cuenta de que la mujer estaba casi ciega, asà que todos los dÃas le extendÃa un huesito de pollo. “TodavÃa estás muy flaco -decÃa entonces la vieja-. ¡Esperaré unos dÃas más!”. Por fin, cansada de aguardar a que Hansel engordara, decidió atarlo al carro de cualquier manera. Los niños comprendieron que habÃa llegado el momento de escapar. Como era dÃa de amasar pan, la bruja habÃa ordenado a Gretel que calentara bien el horno. Pero la niña habÃa oÃdo en su casa que las brujas se convierten en polvo cuando aspiran humo de tilo, de modo que preparó un gran fuego con esa madera. “Yo nunca he calentado un horno -dijo entonces a la bruja-. ¿Por que no miras el fuego y me dices si está bien?”. “¡Sal de ahÃ, pedazo de tonta! -chilló la mujer-. ¡Yo misma lo vigilaré!”. Y abrió la puerta de hierro para mirar. En ese instante salió una bocanada de humo y la bruja se deshizo. Solo quedaron un puñado de polvo y un manojo de llaves. Gretel recogió las llaves y corrió a liberar a su hermanito. Antes de huir de la casa, los dos niños buscaron comida para el viaje. Pero, cual serÃa su sorpresa cuando encontraron montones de cofres con oro y piedras preciosas! Recogieron todo lo que pudieron y huyeron rápidamente.
Tras mucho andar llegaron a un enorme lago y se sentaron tristes junto al agua, mirando la otra orilla. ¡Estaba tan lejos! “¿Queréis que os cruce?”, preguntó de pronto una voz entre los juncos. Era un enorme cisne blanco, que en un santiamén los dejó en la otra orilla. ¿Y adivinen quien estaba cortando leña justamente en ese lugar? ¡El papá de los chicos! SÃ, el papá que lloró de alegrÃa al verlos sanos y salvos. Después de los abrazos y los besos, Hansel y Gretel le mostraron las riquezas que traÃan, y tras agradecer al cisne su oportuna ayuda, corrieron todos a reunirse con la mamá.
